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Evangelio de hoy 30 mayo 2024 (Mc 10,46-52) Padre David de Jesús. ¿Eres feliz o desgraciado?

Actualizado: 30 may

El Evangelio de hoy (Mc 10,46-52):

EN aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, un mendigo ciego, Bartimeo (el hijo de Timeo), estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar:

    «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí».

Muchos lo increpaban para que se callara. Pero él gritaba más:

    «Hijo de David, ten compasión de mí».

Jesús se detuvo y dijo:

    «Llamadlo».

Llamaron al ciego, diciéndole:

    «Ánimo, levántate, que te llama».

Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.

Jesús le dijo:

    «¿Qué quieres que te haga?».

El ciego le contestó:

    «“Rabbuní”, que recobre la vista».

Jesús le dijo:

    «Anda, tu fe te ha salvado».

Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

Textos para profundizar:

LA PROVIDENCIA Y EL ESCÁNDALO DEL MAL

309. Si Dios Padre todopoderoso, Creador del mundo ordenado y bueno, tiene cuidado de todas sus criaturas, ¿por qué existe el mal? A esta pregunta tan apremiante como inevitable, tan dolorosa como misteriosa no se puede dar una respuesta simple. El conjunto de la fe cristiana constituye la respuesta a esta pregunta: la bondad de la creación, el drama del pecado, el amor paciente de Dios que sale al encuentro del hombre con sus Alianzas, con la Encarnación redentora de su Hijo, con el don del Espíritu, con la congregación de la Iglesia, con la fuerza de los sacramentos, con la llamada a una vida bienaventurada que las criaturas son invitadas a aceptar libremente, pero a la cual, también libremente, por un misterio terrible, pueden negarse o rechazar. No hay un rasgo del mensaje cristiano que no sea en parte una respuesta a la cuestión del mal.

310. Pero ¿por qué Dios no creó un mundo tan perfecto que en él no pudiera existir ningún mal? En su poder infinito, Dios podría siempre crear algo mejor (cf. Santo Tomás de Aquino, S. Th., 1, q. 25, a. 6). Sin embargo, en su sabiduría y bondad infinitas, Dios quiso libremente crear un mundo "en estado de vía" hacia su perfección última. Este devenir trae consigo en el designio de Dios, junto con la aparición de ciertos seres, la desaparición de otros; junto con lo más perfecto lo menos perfecto; junto con las construcciones de la naturaleza también las destrucciones. Por tanto, con el bien físico existe también el mal físico, mientras la creación no haya alcanzado su perfección (cf. Santo Tomás de Aquino, Summa contra gentiles, 3, 71).

311. Los ángeles y los hombres, criaturas inteligentes y libres, deben caminar hacia su destino último por elección libre y amor de preferencia. Por ello pueden desviarse. De hecho pecaron. Y fue así como el mal moral entró en el mundo, incomparablemente más grave que el mal físico. Dios no es de ninguna manera, ni directa ni indirectamente, la causa del mal moral, (cf. San Agustín, De libero arbitrio, 1, 1, 1: PL 32, 1221-1223; Santo Tomás de Aquino, S. Th. 1- 2, q. 79, a. 1). Sin embargo, lo permite, respetando la libertad de su criatura, y, misteriosamente, sabe sacar de él el bien:

«Porque el Dios todopoderoso [...] por ser soberanamente bueno, no permitiría jamás que en sus obras existiera algún mal, si Él no fuera suficientemente poderoso y bueno para hacer surgir un bien del mismo mal» (San Agustín, Enchiridion de fide, spe et caritate, 11, 3).

312. Así, con el tiempo, se puede descubrir que Dios, en su providencia todopoderosa, puede sacar un bien de las consecuencias de un mal, incluso moral, causado por sus criaturas: "No fuisteis vosotros, dice José a sus hermanos, los que me enviasteis acá, sino Dios [...] aunque vosotros pensasteis hacerme daño, Dios lo pensó para bien, para hacer sobrevivir [...] un pueblo numeroso" (Gn 45, 8;50, 20; cf. Tb 2, 12-18 vulg.). Del mayor mal moral que ha sido cometido jamás, el rechazo y la muerte del Hijo de Dios, causado por los pecados de todos los hombres, Dios, por la superabundancia de su gracia (cf. Rm 5, 20), sacó el mayor de los bienes: la glorificación de Cristo y nuestra Redención. Sin embargo, no por esto el mal se convierte en un bien.

313. "En todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman" (Rm 8,28). El testimonio de los santos no cesa de confirmar esta verdad:

Así santa Catalina de Siena dice a "los que se escandalizan y se rebelan por lo que les sucede": "Todo procede del amor, todo está ordenado a la salvación del hombre, Dios no hace nada que no sea con este fin" (Dialoghi, 4, 138).

Y santo Tomás Moro, poco antes de su martirio, consuela a su hija: "Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que Él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor" (Carta de prisión; cf. Liturgia de las Horas, III, Oficio de lectura 22 junio).

Y Juliana de Norwich: "Yo comprendí, pues, por la gracia de Dios, que era preciso mantenerme firmemente en la fe [...] y creer con no menos firmeza que todas las cosas serán para bien [...] Tú misma verás que todas las cosas serán para bien" ("Thou shalt see thyself that all manner of thing shall be well") (Revelation 13, 32).

314. Creemos firmemente que Dios es el Señor del mundo y de la historia. Pero los caminos de su providencia nos son con frecuencia desconocidos. Sólo al final, cuando tenga fin nuestro conocimiento parcial, cuando veamos a Dios "cara a cara" (1 Co 13, 12), nos serán plenamente conocidos los caminos por los cuales, incluso a través de los dramas del mal y del pecado, Dios habrá conducido su creación hasta el reposo de ese Sabbat (cf. Gn 2, 2) definitivo, en vista del cual creó el cielo y la tierra.

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4 comentarios

4 Comments


Buenos días Padre David y padre Alfredo, quería daros las gracias. Daros las gracias por vuestra delicada dedicación a la salvación de nuestras almas. En especial quería hacer hincapié en el esfuerzo del Padre David ayer, que a pesar de la alergia, nos comentó el Evangelio. Gracias.

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Mc 10:46-52. "Miserere mei". "Ten compasión de mí".


Jesús, hijo de David,

no tengo fe y estoy ciego.

Dios, ten compasión de mí,

soy pobre porque no veo,

me cuesta sobrevivir.


Mi fe en Ti un día perdí,

de limosnas me mantengo,

en la materia caí,

mi alma por pan la vendo,

Satanás se ríe de mí.


Y ahora tengo que pedir

en un continuo lamento.

La lección ya la aprendí,

ahora ya no tengo miedo,

por algo has venido a mí.


¿Qué quieres que haga por ti?

¿Quieres que te dé dinero?

¿Qué te atreves a pedir?

No, Señor, ni el mundo entero.

Que vuelva a ver, Rabbuní.


Le pedí fe, me atreví,

y ahora otra cosa no quiero.


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¡Amén!

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Aunque la Liturgia lo celebra el próximo domingo, quiero dar gracias hoy por el Jueves de Corpus Christi, gracias Jesús porque te haces Pan partido y te quedas con nosotros.


Creo que a todos nos ha pasado que después de superar alguna situación difícil, reconocemos la prodigiosa acción de Dios que siempre saca bienes de nuestros males.


Gracias Padre David por la preciosa selección del Catecismo que nos ha compartido hoy con su esperanzador comentario al Evangelio. Deseo de todo corazón que se mejore de su alergia.


Jesús, hijo de David, haz que te veamos y que te sigamos, como Bartimeo, por intercesión del Inmaculado Corazón de María.

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