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Don de Sabiduría. Oración de la mañana. 6 de julio.

¡La Paz del Señor, querida familia!


Durante los días de Ejercicios Espirituales, iremos pidiendo al Espíritu Santo, por intercesión de la Virgen María, cada uno de sus Siete Sagrados Dones.


En este día pedimos el Don de Sabiduría






Oración Inicial


OH, Padre,

tu Hijo, al subir a los cielos,

prometió el Espíritu Santo a los apóstoles;

te pedimos que así como ellos fueron colmados con su presencia,

nos concedas también a nosotros,

por intercesión de la Virgen María,

recibir sobreabundantemente sus siete sagrados dones.

Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Jesús, en este día te suplico de manera especial el don de Sabiduría,


Haz que yo sepa, con este santísimo don, apreciar en tal grado las cosas divinas, que con gozo y facilidad sepa prescindir de las terrenas, para que nunca me impidan unirme plenamente a ti.


¡Ven, Espíritu Santo, y cólmame con tu Don de Sabiduría!


Repetimos: ¡Ven, Espíritu Santo, y cólmame con tu Don de Sabiduría!


Secuencia de Pentecostés


Ven, Espíritu divino,

manda tu luz desde el cielo.

Padre amoroso del pobre;

don, en tus dones espléndido;

luz que penetra las almas;

fuente del mayor consuelo.


Ven, dulce huésped del alma,

descanso de nuestro esfuerzo,

tregua en el duro trabajo,

brisa en las horas de fuego,

gozo que enjuga las lágrimas

y reconforta en los duelos.


Entra hasta el fondo del alma,

divina luz, y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre,

si tú le faltas por dentro;

mira el poder del pecado,

cuando no envías tu aliento.


Riega la tierra en sequía,

sana el corazón enfermo,

lava las manchas, infunde

calor de vida en el hielo,

doma el espíritu indómito,

guía al que tuerce el sendero.


Reparte tus siete dones,

según la fe de tus siervos;

por tu bondad y tu gracia,

dale al esfuerzo su mérito;

salva al que busca salvarse

y danos tu gozo eterno. Amén.


Catequesis de San Juan Pablo II sobre los dones del Espíritu Santo


Catequesis sobre el don de Sabiduría

Domingo 9 de abril de 1989


Queridísimos hermanos y hermanas:


1. Con la perspectiva de la solemnidad de Pentecostés, queremos reflexionar juntos sobre los siete dones del Espíritu Santo que la Tradición de la Iglesia ha propuesto constantemente basándose en el famoso texto (del capítulo 11) de Isaías, referido al "Espíritu del Señor" (cf. Is 11, 1-2).

El primero y mayor de tales dones es la sabiduría, la cual es luz que se recibe de lo alto: es una participación especial en ese conocimiento misterioso y sumo, que es propio de Dios. En efecto, leemos en la Sagrada Escritura: "Supliqué, y se me concedió la prudencia; invoqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría. La preferí a cetros y tronos, y, en su comparación, tuve en nada la riqueza" (Sb 7, 7-8).

Esta sabiduría superior es la raíz de un conocimiento nuevo, un conocimiento impregnado por la caridad, gracias al cual el alma adquiere familiaridad, por así decirlo, con las cosas divinas y prueba gusto en ellas. Santo Tomás habla precisamente de "un cierto sabor de Dios" (Summa Theol. II-II, q.45, a. 2, ad. 1), por lo que el verdadero sabio no es simplemente el que sabe las cosas de Dios, sino el que las experimenta y las vive.


2. Además, el conocimiento sapiencial nos da una capacidad especial para juzgar las cosas humanas según la medida de Dios, a la luz de Dios. Iluminado por este don, el cristiano sabe ver interiormente las realidades del mundo: nadie mejor que él es capaz de apreciar los valores auténticos de la creación, mirándolos con los mismos ojos de Dios.

Un ejemplo fascinante de esta percepción superior del "lenguaje de la creación, lo encontramos en el "Cántico de las criaturas" de San Francisco de Asís.


3. Gracias a este don toda la vida del cristiano con sus acontecimientos, sus aspiraciones, sus proyectos, sus realizaciones, llega a ser alcanzada por el soplo del Espíritu, que la impregna con la luz "que viene de lo Alto", como lo han testificado tantas almas escogidas también en nuestros tiempos.

En todas estas almas se repiten las "grandes cosas" realizadas en María por el Espíritu. Ella, a quien la piedad tradicional venera como "Sede de la Sabiduría”, le lleve a cada uno de nosotros a gustar interiormente las cosas celestes.


Oración suplicando el Don de Sabiduría


Ven, Espíritu Santo, inflama mi corazón y enciende en él el fuego de tu Amor. Dígnate escuchar mis súplicas, y envía sobre mí tus dones, como los enviaste sobre los Apóstoles el día de Pentecostés.


Espíritu de Amor, te ruego me llenes del don de Sabiduría, para que saboree cada día más con que infinito Amor soy amado, y así aumente mi caridad a Dios y al prójimo; actuando siempre movido por ella.


Espíritu de santidad, luz beatísima, vida de los corazones: envíanos el don de la sabiduría que nos haga penetrar las profundas intimidades de Dios y no dé el gusto de las cosas del Cielo.


¡Ven, Espíritu Santo, y cólmame con tu Don de Sabiduría!


Repetimos: ¡Ven, Espíritu Santo, y cólmame con tu Don de Sabiduría!


Preces


Nosotros, que hemos sido bautizados en el Espíritu Santo, glorifiquemos al Señor junto con todos los bautizados y roguémosle:


Señor, Jesús, santifícanos en el Espíritu, por intercesión de María


- Envía Señor, tu Espíritu Santo,

para que ante los hombres te confesemos como Señor y rey nuestro.


- Danos una caridad sin hipocresía,

para que seamos cariñosos unos con otros, como buenos hermanos.


- Dispón con tu gracia el corazón de los fieles,

para que acojan con amor, y alegría los dones del Espíritu.


- Danos la fortaleza del Espíritu Santo,

y haz que sane y vigorice lo que en nosotros está enfermo y débil.


Se pueden añadir algunas intenciones libres.


Oración final


Señor, Dios nuestro,

que colmaste de los dones del Espíritu Santo

a la Virgen María en oración con los apóstoles,

concédenos, por su intercesión,

perseverar en la oración en común,

llenos del mismo Espíritu,

y llevar a nuestros hermanos

el Evangelio de la salvación.

Por nuestro Señor Jesucristo.



1 comentario


Señor Jesús, en este primer día de Ejercicios Espirituales, concédenos el don de Sabiduría, para que, apreciando los bienes divinos que nos quieres regalar, tengamos la claridad y firme determinación de prescindir de las cosas temporales que nos intentan apartar de Ti e impedir que vengas a saciar nuestra sed de eternidad.


Señor Jesús, santifícanos en el Espíritu, por intercesión de María.


Gracias, Padre Alfredo, por enriquecer este día y nuestras vidas con los Ejercicios Espirituales.

La Paz del Señor.

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