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Evangelio 10 febrero 2024 (Mc 8,1-10) Padre David de Jesús. El alma llena de Dios.

El Evangelio de hoy (Mc 8,1-10):

POR aquellos días, como de nuevo se había reunido mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:

    «Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y si los despido a sus casas en ayunas, van a desfallecer por el camino. Además, algunos han venido desde lejos».

Le replicaron sus discípulos:

    «¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para saciar a tantos?».

Él les preguntó:

    «¿Cuántos panes tenéis?».

Ellos contestaron:

    «Siete».

Mandó que la gente se sentara en el suelo y tomando los siete panes, dijo la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente.

Tenían también unos cuantos peces; y Jesús pronunció sobre ellos la bendición, y mandó que los sirvieran también.

La gente comió hasta quedar saciada y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil y los despidió; y enseguida montó en la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.

Textos para profundizar:

Definición de compasión:

Del lat. tardío compassio, -ōnis.

1. f. Sentimiento de pena, de ternura y de identificación ante los males de alguien.

Definición de conmover:

Del lat. commovēre.

1. tr. Perturbar, inquietar, alterar, mover fuertemente o con eficacia a alguien o algo. U. t. c. prnl.

2. tr. enternecer (‖ mover a ternura).

Nuevo Testamento del Padre Manuel Iglesias. Nota:

2 Siento compasión de ésa gente: lit. me conmuevo sobre la multitud.

San Juan de la Cruz. Llama de amor viva B:

20. La segunda caverna es la voluntad, y el vacío de ésta es hambre de Dios tan grande que hace desfallecer al alma, según lo dice también David (Sal. 83, 3) diciendo: Codicia y desfallece mi alma a los tabernáculos del Señor. Y esta hambre es de la perfección de amor que el alma pretende. (San Juan de la Cruz. Llama de amor viva B 3,20).

San Juan de la Cruz. Cántico espiritual B:

1. ¡Cuál, pues, entenderemos que estará la dichosa alma en este florido lecho, donde todas estas dichas cosas y muchas más pasan, en el cual por reclinatorio tiene al Esposo Hijo de Dios y por cubierta y tendido la caridad y amor del mismo Esposo! De manera que de cierto puede decir las palabras de la Esposa, que dice (Ct. 2, 6): Su siniestra debajo de mi cabeza. Por lo cual con verdad se podrá decir que esta alma está aquí vestida de Dios y bañada en divinidad; y no como por cima, sino que en los interiores de su espíritu, estando revertida en deleites divinos, con hartura de aguas espirituales de vida, experimenta lo que David dice (Sal. 35, 9-10) de los que así están allegados a Dios, es a saber: Embriagarse han de la grosura de tu casa, y con el torrente de tu deleite darles has a beber; porque cerca de ti está le fuente de vida. ¡Qué hartura será, pues, ésta del alma en su ser, pues la bebida que le dan no es menos que un torrente de deleite! El cual torrente es el Espíritu Santo, porque, como dice san Juan (Ap. 22, 1), él es el río resplandeciente de agua viva que nace de la silla de Dios y del Cordero, cuyas aguas, por ser ellas amor íntimo de Dios, íntimamente infunden al alma y le dan a beber este torrente de amor, que, como decimos, es el Espíritu de su Esposo que se le infunde en esta unión; y por eso ella, con grande abundancia de amor, canta esta canción:

En la interior bodega

de mi Amado bebí y, cuando salía

por toda aquesta vega,

ya cosa no sabía;

y el ganado perdí que antes seguía.

(San Juan de la Cruz. Cántico espiritual B 26,1).



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