Evangelio de hoy Domingo 17 agosto 2025. El Corazón que arde (Lc 12,49-53)
- María con nosotros
- 16 ago 2025
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El Evangelio de hoy (Lc 12,49-53):
✠
EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!
¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división. Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra».
Textos para profundizar:
Salmo responsorial Sal 39,2.3.4.18 (R.:14b)
R. Señor, date prisa en socorrerme.
V. Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito. R.
V. Me levantó de la fosa fatal,
de la charca fangosa;
afianzó mis pies sobre roca,
y aseguró mis pasos. R.
V. Me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios.
Muchos, al verlo, quedaron sobrecogidos
y confiaron en el Señor. R.
V. Yo soy pobre y desgraciado,
pero el Señor se cuida de mí;
tú eres mi auxilio y mi liberación:
Dios mío, no tardes. R.
Segunda Lectura Heb 12,1-4
HERMANOS:
Teniendo una nube tan ingente de testigos, corramos, con constancia, en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba y al pecado que nos asedia, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.
Recordad al que soportó tal oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo.
Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.




La explicación del Evangelio de hoy, como música para mis oídos, me confirma verdades que por misericordia de Dios he venido descubriendo a través de la oración, encuentro íntimo con el Amado.
Mientras llega el momento de la liberación del dolor y del peligro, sé que es el Señor quien nos sostiene y nos arranca el gemido que le clama "ven Señor, no tardes" y "ayúdame a darme prisa también en adherirme a Tí sin escatimar esfuerzos".
Es tal la certeza de que el Amor de Dios lo llenará todo, que desde ya siento el gozo al imaginar torpemente lo que será la gloriosa vida eterna, de la que mis heridas también formarán parte. Gracias Padre David, siento que hoy…