Don de Entendimiento. Oración de la mañana. 18 de mayo.
- María con nosotros
- hace 9 horas
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¡La Paz del Señor, querida familia!
Os invitamos a prepararnos con todo el amor de nuestro corazón para recibir el Don del Espíritu Santo, en la Solemnidad ya próxima de Pentecostés.
Iremos pidiendo al Espíritu Santo, por intercesión de la Virgen María, cada uno de sus Siete Sagrados Dones.
En este día pedimos el Don de Entendimiento
Debajo del vídeo podéis encontrar los textos con las oraciones de este día
Oración Inicial
OH, Padre,
tu Hijo, al subir a los cielos,
prometió el Espíritu Santo a los apóstoles;
te pedimos que así como ellos fueron colmados con su presencia,
nos concedas también a nosotros,
por intercesión de la Virgen María,
recibir sobreabundantemente sus siete sagrados dones.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Jesús, en este día te suplico de manera especial el don de entendimiento.
Humildemente te suplico que acierte con el don de entendimiento a ver con fe viva la trascendencia y belleza de la verdad cristiana.
¡Ven, Espíritu Santo, y cólmame con tu Don de Entendimiento!
Repetimos: ¡Ven, Espíritu Santo, y cólmame con tu Don de Entendimiento!
Secuencia de Pentecostés
Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. Amén.
Catequesis de San Juan Pablo II sobre los dones del Espíritu Santo
Catequesis sobre el Don de Entendimiento
Domingo 16 de abril de 1989
Queridísimos hermanos y hermanas:
1. En esta reflexión deseo detenerme en el segundo don del Espíritu Santo: el entendimiento. Sabemos bien que la fe es adhesión a Dios en el claroscuro del misterio; sin embargo es también búsqueda con el deseo de conocer más y mejor la verdad revelada. Ahora bien, este impulso interior nos viene del Espíritu, que juntamente con la fe concede precisamente este don especial de inteligencia y casi de intuición de la verdad divina.
La palabra "inteligencia" deriva del latín intus legere, que significa "leer dentro", penetrar, comprender a fondo. Mediante este don el Espíritu Santo, que "escruta las profundidades de Dios" (1 Co 2, 10), comunica al creyente una chispa de esa capacidad penetrante que le abre el corazón a la gozosa percepción del designio amoroso de Dios. Se renueva entonces la experiencia de los discípulos de Emaús, los cuales, tras haber reconocido al Resucitado en la fracción del pan, se decían uno a otro; "¿No ardía nuestro corazón mientras hablaba con nosotros en el camino, explicándonos las Escrituras?" (Lc 24, 32).
2. Esta inteligencia sobrenatural se da no sólo a cada uno, sino también a la comunidad: a los Pastores que, como sucesores de los Apóstoles, son herederos de la promesa específica que Cristo les hizo (cf. Jn 14, 26; 16, 13) y a los fieles que, gracias a la "unción" del Espíritu (cf. 1 Jn 2, 20 y 27) poseen un especial "sentido de la fe" (sensus fidei) que les guía en las opciones concretas.
Efectivamente, la luz del Espíritu, al mismo tiempo que agudiza la inteligencia de las cosas divinas, hace también más límpida y penetrante la mirada sobre las cosas humanas. Gracias a ella se ven mejor los numerosos signos de Dios que están inscritos en la creación. Se descubre así la dimensión no puramente terrena de los acontecimientos, de los que está tejida la historia humana. Y se puede lograr hasta descifrar proféticamente el tiempo presente y el futuro: ¡signos de los tiempos, signos de Dios!
3. Queridísimos fieles, dirijámonos al Espíritu Santo con las palabras de la liturgia: "Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo" (Secuencia de Pentecostés).
Invoquémoslo por intercesión de María Santísima, la Virgen de la Escucha, que a la luz del Espíritu supo escrutar sin cansarse el sentido profundo de los misterios realizados en Ella por el Todopoderoso (cf. Lc 2, 19 y 51). La contemplación de las maravillas de Dios será también en nosotros fuente de alegría inagotable: "Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador" (Lc 1, 46 s.).
Oración suplicando el Don de Entendimiento
Ven, Espíritu Santo, inflama mi corazón y enciende en él el fuego de tu Amor. Dígnate escuchar mis súplicas, y envía sobre mí tus dones, como los enviaste sobre los Apóstoles el día de Pentecostés.
Espíritu de verdad, te ruego me llenes del don de entendimiento, para penetrar las verdades reveladas, y así aumentar mi fe; distinguiendo con su luz lo que es del buen, o del mal espíritu.
Fuente viva, fuego de caridad, unción de las almas: envíanos el don del entendimiento para contemplar las verdades de la fe y comunicarlas a nuestros hermanos.
¡Ven, Espíritu Santo, y cólmame con tu Don de Entendimiento!
Repetimos: ¡Ven, Espíritu Santo, y cólmame con tu Don de Entendimiento!
Preces
Bendigamos a Cristo, que nos prometió enviar desde el Padre, en su nombre, el Espíritu santo, y supliquémosle, diciendo:
Señor, danos tu Espíritu
- Te damos gracias, Señor Jesús, y por medio de ti, bendecimos también al Padre en el Espíritu Santo,
y te pedimos que todas nuestras palabras y obras sean según tu voluntad.
- Concédenos vivir de tu Espíritu,
para ser de verdad miembros vivos de tu cuerpo.
- Haz que no juzguemos ni menospreciemos a ninguno de nuestros hermanos,
pues todos tenemos que comparecer para ser juzgados ante tu tribunal.
- Colma nuestra fe de alegría y paz,
para que, con la fuerza del Espíritu Santo, desbordemos de esperanza.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Oración final
Oh Espíritu Santo, Dios eterno,
consolador de las almas, fortaleza de los espíritus,
luz de las inteligencias, amor de nuestros corazones,
acepta estos humildes obsequios
que practicamos en honor y gloria tuyos;
y, aunque indignos de toda gracia,
concédenos, te lo pedimos con toda el alma,
tus frutos y tus dones,
para que movidos siempre por Ti,
Divino Espíritu,
guiados por tu inspiración,
consolados con tu suavidad,
enardecidos con tu fortaleza,
y encendidos en tu Amor,
podamos servirte fiel y perfectamente en esta vida
y contemplarte en la otra eternamente. Amén.




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