Don de Santo Temor de Dios. Oración de la mañana. 12 de julio.
- María con nosotros
- 12 jul
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La Paz del Señor, querida familia!
Durante estos días de Ejercicios Espirituales, iremos pidiendo al Espíritu Santo, por intercesión de la Virgen María, cada uno de sus Siete Sagrados Dones.
En este día pedimos el Don de Temor de Dios.
Debajo del vídeo podéis encontrar los textos con las oraciones de este día
Oración Inicial
OH, Padre,
tu Hijo, al subir a los cielos,
prometió el Espíritu Santo a los apóstoles;
te pedimos que así como ellos fueron colmados con su presencia,
nos concedas también a nosotros,
por intercesión de la Virgen María,
recibir sobreabundantemente sus siete sagrados dones.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Jesús, en este día te suplico de manera especial el don de temor de Dios
Humildemente te suplico que con este don tenga el mayor amor, respeto y veneración a los mandamientos divinos, cuidando con creciente delicadeza el no quebrantarlos nunca, y buscando cada día vivir en santidad, para dar gloria, alabanza y honor a la Santísima Trinidad.
¡Ven, Espíritu Santo, y cólmame con tu Don de Santo Temor de Dios
Repetimos: ¡Ven, Espíritu Santo, y cólmame con tu Don de Santo Temor de Dios.
Secuencia de Pentecostés
Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. Amén.
Catequesis de San Juan Pablo II sobre los dones del Espíritu Santo
Catequesis sobre el don de temor de Dios
Domingo 11 de junio de 1989
Queridísimos hermanos y hermanas:
Hoy deseo completar con vosotros la reflexión sobre los dones del Espíritu Santo. El último, en orden de enumeración de estos dones, es el don del temor de Dios.
La Sagrada Escritura afirma que "Principio del saber, es el temor del Señor" (Sal 110/111, 10; Pr 1, 7). ¿Pero de qué temor se trata? No ciertamente de ese "miedo de Dios" que impulsa a evitar pensar o recordarse de Él, como de algo o de alguno que turba e inquieta. Este fue el estado de ánimo que, según la Biblia, impulsó a nuestros progenitores, después del pecado, a "ocultarse de la vista del Señor Dios por entre los árboles del jardín" (Gn 3, 8); éste fue también el sentimiento del siervo infiel y malvado de la parábola evangélica, que escondió bajo tierra el talento recibido (cf. Mt 25, 18. 26).
Pero este concepto del temor-miedo no es el verdadero concepto de temor-don del Espíritu. Aquí se trata de algo mucho más noble y sublime; es el sentimiento sincero y trémulo que el hombre experimenta frente a la tremenda majestad de Dios, especialmente cuando reflexiona sobre las propias infidelidades y sobre el peligro de ser "encontrado falto de peso" (Dn 5, 27) en el juicio eterno, del que nadie puede escapar. El creyente se presenta y se pone ante Dios con el "espíritu contrito" y con el "corazón humillado" (cf. Sal 50/51, 19), sabiendo bien que debe atender a la propia salvación "con temor y temblor" (Flp 2, 12). Sin embargo, esto no significa miedo irracional, sino sentido de responsabilidad y de fidelidad a su ley.
2. El Espíritu Santo asume todo este conjunto y lo eleva con el don del temor de Dios. Ciertamente ello no excluye la trepidación que nace de la conciencia de las culpas cometidas y de la perspectiva del castigo divino, la suaviza con la fe en la misericordia divina y con la certeza de la solicitud paterna de Dios que quiere la salvación eterna de todos. Sin embargo, con este don, el Espíritu Santo infunde en el alma sobre todo el temor filial, que es un sentimiento arraigado en el amor de Dios: el alma se preocupa entonces de no disgustar a Dios, amado como Padre, de no ofenderlo en nada, de "permanecer" y crecer en la caridad (cf. Jn 15, 4-7).
3. De este santo y justo temor, conjugado en el alma con el amor a Dios, depende toda la práctica de las virtudes cristianas, y especialmente de la humildad, de la templanza, de la castidad, de la mortificación de los sentidos. Recordemos la exhortación del Apóstol Pablo a sus cristianos: "Queridos míos, purifiquémonos de toda mancha de la carne y del espíritu, consumando la santificación en el temor de Dios" (2 Co 7, 1).
Es una advertencia para todos nosotros que, a veces, con tanta facilidad transgredimos la ley de Dios, ignorando o desafiando sus castigos. Invoquemos al Espíritu Santo a fin de que infunda largamente el don del santo temor de Dios en los hombres de nuestro tiempo. Invoquémoslo por intercesión de Aquella que, al anuncio del mensaje celeste "se conturbó" (Lc 1, 29) y, aun trepidante por la inaudita responsabilidad que se le confiaba, supo pronunciar el "fiat" de la fe, de la obediencia y del amor.
Oración suplicando el Don de Santo Temor de Dios
Ven, Espíritu Santo, inflama mi corazón y enciende en él el fuego de tu Amor. Dígnate escuchar mis súplicas, y envía sobre mí tus dones, como los enviaste sobre los Apóstoles el día de Pentecostés.
Espíritu de Majestad, te ruego me llenes del don de temor de Dios, para no dejarme llevar por las tentaciones de los sentidos, y proceder con templanza en el uso de las creaturas.
Espíritu Santo Paráclito, Consolador, remedio de toda tristeza, alegría de las almas puras: envíanos el don del santo temor de Dios que nos aleje de todos los peligros de pecar y de ofender o contristar el Corazón de nuestro Padre Dios.
¡Ven, Espíritu Santo, y cólmame con tu Don de Santo Temor de Dios!
Repetimos: ¡Ven, Espíritu Santo, y cólmame con tu Don de Santo Temor de Dios!
Preces
Nosotros, que hemos sido bautizados en el Espíritu Santo, glorifiquemos al Señor junto con todos los bautizados y roguémosle:
Señor, Jesús, santifícanos en el Espíritu, por intercesión de María
- Envía Señor, tu Espíritu Santo,
para que ante los hombres te confesemos como Señor y rey nuestro.
- Danos una caridad sin hipocresía,
para que seamos cariñosos unos con otros, como buenos hermanos.
- Dispón con tu gracia el corazón de los fieles,
para que acojan con amor, y alegría los dones del Espíritu.
- Danos la fortaleza del Espíritu Santo,
y haz que sane y vigorice lo que en nosotros está enfermo y débil.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Oración final
Divino Espíritu,
por los méritos de Jesucristo
y la intercesión de tu Esposa, María Santísima,
te suplico que vengas a mi corazón
y me comuniques la plenitud de tus dones,
para que, iluminado y confortado por ellos,
viva según tu voluntad,
muera entregado a tu Amor,
y así merezca cantar eternamente tus infinitas misericordias.
Amén.





Señor, envía a nuestras almas el don del temor de Dios, para que no le ofendamos con nuestras acciones y para que le amemos cada día más, dejándonos iluminar por la Luz del Resucitado.
Señor, Jesús, santifícanos en el Espíritu, por intercesión de María.
Unidos en oración y agradecimiento por esta semana de ejercicios espirituales que nos trae abundantes bendiciones. Gracias por su entrega generosa, Padre Alfredo, que Dios le recompense todo el amor que nos da.
La Paz del Señor.