Evangelio de hoy lunes 21 septiembre 2026. Fiesta de San Mateo Evangelista (Mt 9,9-13)
El Evangelio de hoy (Mt 9,9-13):
✠
EN aquel tiempo, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:
«Sígueme».
Él se levantó y lo siguió.
Y estando en la casa, sentado a la mesa, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaban con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos:
«¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?».
Jesús lo oyó y dijo:
«No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa “Misericordia quiero y no sacrificio”: que no he venido a llamar a justos sino a pecadores».
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AQUÍ PUEDES ENCONTRAR LA ORACIÓN DE LA MAÑANA CON EL PADRE ALFREDO:
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Textos para profundizar:
Oseas 6,6:
Quiero misericordia y no sacrificio, | conocimiento de Dios, más que holocaustos.
Nuevo Testamento Padre Manuel Iglesias:
Nota a Mt 9,10-11: En el judaísmo, comer con otros significaba comunión de ideas y de sentimientos con ellos; de ahí el escándalo de los fariseos, que podían permitir que los pecadores fueran a su mesa, pero no se dejarían invitar por pecadores. Precisamente, compartir la mesa con pecadores completa, como acción salvadora, la llamada de Jesús a un publicano: un hombre tipo de comportamiento fraudulento, elegido para ser de «los Doce». La iniciativa partió de Jesús.
Santa Teresa del Niño Jesús. Historia de un alma:
Dado que Jesús ascendió al cielo, yo sólo puedo seguirle siguiendo las huellas que él dejó. ¡Pero qué luminosas y perfumadas son esas huellas! Sólo tengo que poner los ojos en el santo Evangelio para respirar los perfumes de la vida de Jesús y saber hacia dónde correr... No me abalanzo al primer puesto, sino al último; en vez de adelantarme con el fariseo, repito llena de confianza la humilde oración del publicano. Pero, sobre todo, imito la conducta de la Magdalena. Su asombrosa, o, mejor dicho, su amorosa audacia, que cautiva el corazón de Jesús, seduce al mío.
Sí, estoy segura de que, aunque tuviera sobre la conciencia todos los pecados que pueden cometerse, iría, con el corazón roto de arrepentimiento, a echarme en brazos de Jesús, pues sé cómo ama al hijo pródigo que vuelve a él.
Es cierto que Dios, en su misericordia preveniente, ha preservado mi alma del pecado mortal. Pero no es ésa la razón de que yo me eleve a él [37rº] por la confianza y el amor. (Santa Teresa del Niño Jesús. Historia de un alma. Manuscrito C 36vº-37rº).





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