Evangelio de hoy Sábado 10 octubre 2026. La bendita Palabra de Dios (Lc 11,27-28)
El Evangelio de hoy (Lc 11,27-28):
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EN aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo:
«Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron».
Pero él dijo:
«Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».
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Textos para profundizar:
489. A lo largo de toda la Antigua Alianza, la misión de María fue preparada por la misión de algunas santas mujeres. Al principio de todo está Eva: a pesar de su desobediencia, recibe la promesa de una descendencia que será vencedora del Maligno (cf. Gn 3,15) y la de ser la madre de todos los vivientes (cf. Gn 3,20). En virtud de esta promesa, Sara concibe un hijo a pesar de su edad avanzada (cf. Gn 18,10-14;21,1-2). Contra toda expectativa humana, Dios escoge lo que era tenido por impotente y débil (cf. 1 Co 1,27) para mostrar la fidelidad a su promesa: Ana, la madre de Samuel (cf. 1 S 1), Débora, Rut, Judit, y Ester, y muchas otras mujeres. María “sobresale entre los humildes y los pobres del Señor, que esperan de él con confianza la salvación y la acogen. Finalmente, con ella, excelsa Hija de Sión, después de la larga espera de la promesa, se cumple el plazo y se inaugura el nuevo plan de salvación” (LG 55).
104. En la sagrada Escritura, la Iglesia encuentra sin cesar su alimento y su fuerza (cf. DV 24), porque, en ella, no recibe solamente una palabra humana, sino lo que es realmente: la Palabra de Dios (cf. 1 Ts 2,13). «En los libros sagrados, el Padre que está en el cielo sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos» (DV 21).
Concilio Vaticano II. Dei verbum:
2. Agradó a Dios en su bondad y sabiduría revelarse a sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad (cf. Ef 1,9), en virtud del cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo hecho carne, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y llegan a ser partícipes de la naturaleza divina (cf. Ef 2,18; 2 Pe 1,4). Así pues, por esta revelación, el Dios invisible (cf. Col 1,15; 1 Tim 1,17), movido por su desbordante caridad, habla a los hombres como amigos (cf. Ex 33,11;Jn 15,14-15) y trata con ellos (cf. Bar 3,38), para invitarlos a la comunión consigo y recibirlos en ella. (Concilio Vaticano II. Dei verbum 2).




Bienaventurados sus Padres que les formaron en la fe y permitieron que la vocación se engendrara en sus corazones, escucharon y cumplieron la Palabra de Dios y les enseñaron con el ejemplo. Dios les bendiga a todos portentosamente.
Es hermoso ratificar el poder de Dios a través de los más pequeños y empezar a confiar con paz en el corazón esperando la salvación.
Señor, gracias por traerme a saborear Tu Palabra en esta familia espiritual que me hace tanto bien. Sé que me falta mucho, pero estoy feliz de haber iniciado este camino de acercamiento y apertura a la Sagrada Escritura, esperando ese amoroso encuentro, escuchando lo que Tú me quieres decir y respondiendo con obediencia y humildad a Tu…