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Evangelio de hoy Sábado 13 junio 2026. El Inmaculado Corazón de María (Lc 2,41-51)

El Evangelio de hoy (Lc 2,41-51):

LOS padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua.

Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.

Éstos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en buscándolo.

Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.

Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:

«Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados».

Él les contestó:

«¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?».

Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.

Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos. Su madre conservaba todo esto en su corazón.

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AQUÍ PUEDES ENCONTRAR LA ORACIÓN DE LA MAÑANA CON EL PADRE ALFREDO:

Pulsa el siguiente enlace:

Textos para profundizar:

Oración colecta

OH, Dios,

que has preparado

una digna morada al Espíritu Santo

en el Corazón de la Virgen María,

concédenos en tu bondad, por su intercesión,

que merezcamos ser templo de tu gloria.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración después de la comunión

COMO partícipes de la redención eterna,

quienes hacemos memoria de la Madre de tu Hijo

te pedimos, Señor,

que nos gloriemos en la plenitud de tu gracia

y sintamos el aumento continuo de la salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio Misa Votiva del Inmaculado Corazón:

(…) Porque diste a la Virgen María

un corazón sabio y dócil,

dispuesto siempre a agradarte;

un corazón nuevo y humilde,

para grabar en él la ley de la Nueva Alianza;

un corazón sencillo y limpio,

que la hizo digna de concebir virginalmente a tu Hijo

y la capacitó para contemplarte eternamente;

un corazón firme y dispuesto

para soportar con fortaleza la espada de dolor

y esperar, llena de fe, la resurrección de su Hijo (…).

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