Evangelio de hoy Sábado 15 agosto 2026. La Asunción de María (Lc 1,39-56)
- María con nosotros
- 14 ago
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El Evangelio de hoy (Lc 1,39-56):
✠
EN aquellos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó:
«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».
María dijo:
«Proclama mi alma la grandeza del Señor,
“se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humildad de su esclava”.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí:
“su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
“derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia”
‒como lo había prometido a “nuestros padres”‒
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».
María se quedó con Isabel unos tres meses y volvió a su casa.
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Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, puerta del cielo siempre abierta. Estrenaste tu libertad para renunciar a ella y a tu voluntad humana y hacer de tu vida trono donde reina la Voluntad Divina.
Tu ternura y tu amor de Madre me sostienen y alientan cada día de mi vida, con el deseo inmenso de permanecer en tu regaso, para dejarme moldear por Ti y ser ofrenda agradable para Tu Hijo.
San Maximiliano María Kolbe dijo: "¡Oh Madre, que dulce será la muerte de los que te pertenecen!".
Te quiero pertenecer en cuerpo y alma, Señora mía.
Gracias, Padre David, por invitarnos a amar y a conocer a María que es la humildad y el amor en s…
Cuántas veces olvido agradecer, Señor, todo lo que me das.
No te merezco, Madre, pero te necesito.
Paz con nosotros.