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Oración de la mañana. Adoración con la Palabra. Domingo 24 del Tiempo Ordinario. Año A.

hace 12 horas
3 min de lectura

La Paz del Señor, querida familia.


Nuestra oración de la mañana de hoy la hacemos saboreando la Palabra de Dios de este Domingo.


¡Feliz y Santo Domingo para todos!


¡Un abrazo en el Señor!






PRIMERA LECTURA   Eclo 27, 30 – 28, 7

Perdona la ofensa a tu prójimo y, cuando reces, tus pecados te serán perdonados

 

Lectura del libro del Eclesiástico.

 

RENCOR e ira también son detestables,

el pecador los posee.

El vengativo sufrirá la venganza del Señor,

que llevará cuenta exacta de sus pecados.

Perdona la ofensa a tu prójimo

y, cuando reces, tus pecados te serán perdonados.

Si un ser humano alimenta la ira contra otro,

¿cómo puede esperar la curación del Señor?

Si no se compadece de su semejante,

¿cómo pide perdón por sus propios pecados?

Si él, simple mortal, guarda rencor,

¿quién perdonará sus pecados?

Piensa en tu final y deja de odiar,

acuérdate de la corrupción y de la muerte

y sé fiel a los mandamientos.

Acuérdate de los mandamientos

y no guardes rencor a tu prójimo;

acuérdate de la alianza del Altísimo

y pasa por alto la ofensa.

 

Palabra de Dios.


 

Salmo responsorial   Sal 102, 1-2. 3-4. 9-10. 11-12 (R.: 8)

 

R/.   El Señor es compasivo y misericordioso,

        lento a la ira y rico en clemencia.

 

        V/.   Bendice, alma mía, al Señor,

                y todo mi ser a su santo nombre.

                Bendice, alma mía, al Señor,

                y no olvides sus beneficios.   R/.

 

        V/.   Él perdona todas tus culpas

                y cura todas tus enfermedades;

                él rescata tu vida de la fosa,

                y te colma de gracia y de ternura.   R/.

 

        V/.   No está siempre acusando

                ni guarda rencor perpetuo;

                no nos trata como merecen nuestros pecados

                ni nos paga según nuestras culpa.   R/.

 

        V/.   Como se levanta el cielo sobre la tierra,

                se levanta su bondad sobre los que lo temen;

                como dista el oriente del ocaso,

                así aleja de nosotros nuestros delitos.   R/.


 

SEGUNDA LECTURA   Rom 14, 7-9

Ya vivamos, ya muramos, somos del Señor

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

 

HERMANOS:

Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo.

Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; así que, ya vivamos ya muramos, somos del Señor.

Pues para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de muertos y vivos.

 

Palabra de Dios.

 


EVANGELIO   Mt 18, 21-35

No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete


Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

 

EN aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:

«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».

Jesús le contesta:

«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:

“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.

Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo:

“Págame lo que me debes”.

El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:

“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.

Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido.

Entonces el señor lo llamó y le dijo:

“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste ¿no debías tener tú también compasión de un compañero, como yo tuve compasión de ti?”.

Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

 

Palabra del Señor.



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