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Sábado Santo. Oración de la mañana.

¡Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos!


¡Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo!


Unidos a María, en este Sábado Santo, adoremos al Señor en la Santa Cruz. Enamorémonos cada vez más de Aquel que nos amó hasta el extremo. Contemplemos con María la victoria del Crucificado, y esperemos con ella, llenos de gozo, el don inefable de la Resurrección del Señor.




Catecismo de la Iglesia Católica 635


«Cristo, por tanto, bajó a la profundidad de la muerte (cf. Mt 12, 40; Rm 10, 7; Ef 4, 9) para "que los muertos oigan la voz del Hijo de Dios y los que la oigan vivan" (Jn 5, 25). Jesús, "el Príncipe de la vida" (Hch 3, 15) aniquiló "mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al diablo y libertó a cuantos, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud " (Hb 2, 14-15). En adelante, Cristo resucitado "tiene las llaves de la muerte y del Infierno" (Ap 1, 18) y "al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en los abismos" (Flp 2, 10)».


De una homilía antigua sobre el grande y santo Sábado


«¿Qué es lo que hoy sucede? Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio porque el Rey duerme. La tierra temió sobrecogida, porque Dios se durmió en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo. Dios ha muerto en la carne y ha puesto en conmoción al abismo.

 

Va a buscar a nuestro primer padre como si fuera la oveja perdida. Quiere absolutamente visitar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte. Él, que es al mismo tiempo Dios e Hijo de Dios, va a librar de su prisión y de sus dolores a Adán y a Eva.

 

El Señor, teniendo en sus manos las armas vencedoras de la cruz, se acerca a ellos. Al verlo nuestro primer padre Adán, asombrado por tan gran acontecimiento, exclama y dice a todos: «Mi Señor esté con todos». Y Cristo, respondiendo, dice a Adán: «Y con tu espíritu». Y tomándolo por la mano le añade: Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz.

 

Yo soy tu Dios, que por ti y por todos los que han de nacer de ti me he hecho tu hijo; y ahora te digo que tengo el poder de anunciar a los que están encadenados: «salid»; y a los que se encuentran en las tinieblas: «iluminaos»; y a los que dormís: «levantaos».

 

A ti te mando: despierta tú que duermes, pues no te creé para que permanezcas cautivo en el abismo; levántate de entre los muertos, pues yo soy la vida de los muertos. Levántate, obra de mis manos; levántate, imagen mía, creado a mi semejanza. Levántate, salgamos de aquí, porque tú en mí, y yo en ti, formamos una sola e indivisible persona.

 

Por ti yo, tu Dios, me he hecho tu hijo; por ti yo, tu Señor, he revestido tu condición servil; por ti yo, que estoy sobre los cielos, he venido a la tierra y he bajado al abismo; por ti me he hecho hombre, semejante a un inválido que tiene su cama entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del huerto, he sido entregado a los judíos en el huerto, y en el huerto he sido crucificado.

 

Contempla los salivazos de mi cara, que he soportado para devolverte tu primer aliento de vida; contempla los golpes de mis mejillas, que he soportado para reformar, de acuerdo con mi imagen, tu imagen deformada; contempla los azotes en mis espaldas, que he aceptado para aliviarte del peso de los pecados, que habían sido cargados sobre tu espalda; contempla los clavos que me han sujetado fuertemente al madero, pues los he aceptado por ti, que maliciosamente extendiste una mano al árbol prohibido.

 

Dormí en la cruz, y la lanza atravesó mi costado, por ti, que en el paraíso dormiste, y de tu costado diste origen a Eva. Mi costado ha curado el dolor del tuyo. Mi sueño te saca del sueño del abismo. Mi lanza eliminó aquella espada que te amenazaba en el paraíso.

 

Levántate, salgamos de aquí. El enemigo te sacó del paraíso; yo te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celeste. Te prohibí que comieras del árbol de la vida, que no era sino imagen del verdadero árbol; yo soy el verdadero árbol, yo, que soy la vida y que estoy unido a ti. Coloqué un querubín que fielmente te vigilara; ahora te concedo que el querubín, reconociendo tu dignidad, te sirva.

 

El trono de los querubines está preparado, los portadores atentos y preparados, el tálamo construido, los alimentos prestos, se han embellecido los eternos tabernáculos y moradas, han sido abiertos los tesoros de todos los bienes, y el reino de los cielos está preparado desde toda la eternidad».

2 comentarios


Romea Serani
Romea Serani
hace 6 días

A los pies de la Cruz, Jesús, mi alma redimida Te adora, acompañando la soledad de María.

El dolor de Tu crucifixión nos devuelve la vida, con ella venciste el pecado y la muerte y ganaste para nosotros el cielo poniendo en conmoción el abismo. Aquí estoy, Señor, para adorarte con todo mi corazón. Permíteme meditar Tu dolorosa Pasión con más profundidad cada vez, para ir descubriendo más a fondo los secretos de Tu Amor infinito.

Jesús, Te dejaste desfigurar por los escupitajos, insultos y flagelos, haciéndote repugnante a los ojos humanos, para devolvernos la belleza y la semejanza tuya, con la que fuimos creados. Nos devuelves la dignidad perdida por el pecado y nos invitas a ser uno contigo.…


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Marisa T
hace 6 días

Mi corazón rebosa de alegría de acompañar a Jesús, en esta hora de la madrugada, orando con el Padre Alfredo y demás familia espiritual María con Nosotros. Gracias Amado Jesús porque al bajar a los infiernos, rescataste a todos los que escuchan tu voz, desde Adán y a toda la humanidad..No solo vino a salvar a nuestros seres queridos, sino a todos vivos y muertos, que escuchen su voz. Y María? Gracias puerta del cielo y Reina del universo como Jesús. Suplico a ellos que guíen nuestros pasos hacia la vida eterna. Un saludo especial a nuestros maestros espirituales Padres David y Alfredo por guiarnos tan hermosamente, siguiendo a Jesús en esta Semana Santa. Y también a todos las personas…

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