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Don de Ciencia. Oración de la mañana. 19 de mayo.

¡La Paz del Señor, querida familia!


Os invitamos a prepararnos con todo el amor de nuestro corazón para recibir el Don del Espíritu Santo, en la Solemnidad ya próxima de Pentecostés.


Iremos pidiendo al Espíritu Santo, por intercesión de la Virgen María, cada uno de sus Siete Sagrados Dones.


En este día pedimos el Don de Ciencia.


Debajo del vídeo podéis encontrar los textos con las oraciones de este día




Oración Inicial


OH, Padre,

tu Hijo, al subir a los cielos,

prometió el Espíritu Santo a los apóstoles;

te pedimos que así como ellos fueron colmados con su presencia,

nos concedas también a nosotros,

por intercesión de la Virgen María,

recibir sobreabundantemente sus siete sagrados dones.

Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



Jesús, en este día te suplico de manera especial el don de ciencia,


Humildemente te ruego que sepa, con este don, discernir claramente entre el bien y el mal, entre lo falso y lo verdadero, descubriendo los engaños del demonio, del mundo y de mi propia concupiscencia.


¡Ven, Espíritu Santo, y cólmame con tu Don de Ciencia!


Repetimos: ¡Ven, Espíritu Santo, y cólmame con tu Don de Ciencia!



Secuencia de Pentecostés


Ven, Espíritu divino,

manda tu luz desde el cielo.

Padre amoroso del pobre;

don, en tus dones espléndido;

luz que penetra las almas;

fuente del mayor consuelo.


Ven, dulce huésped del alma,

descanso de nuestro esfuerzo,

tregua en el duro trabajo,

brisa en las horas de fuego,

gozo que enjuga las lágrimas

y reconforta en los duelos.


Entra hasta el fondo del alma,

divina luz, y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre,

si tú le faltas por dentro;

mira el poder del pecado,

cuando no envías tu aliento.


Riega la tierra en sequía,

sana el corazón enfermo,

lava las manchas, infunde

calor de vida en el hielo,

doma el espíritu indómito,

guía al que tuerce el sendero.


Reparte tus siete dones,

según la fe de tus siervos;

por tu bondad y tu gracia,

dale al esfuerzo su mérito;

salva al que busca salvarse

y danos tu gozo eterno. Amén.



Catequesis de San Juan Pablo II sobre los dones del Espíritu Santo


Catequesis sobre el Don de Ciencia

Domingo 23 de abril de 1989


Queridísimos hermanos y hermanas:


1. La reflexión sobre los dones del Espíritu Santo, nos lleva hoy a hablar de otro don: el de ciencia, gracias al cual se nos da a conocer el verdadero valor de las criaturas en su relación con el Creador.


Sabemos que el hombre contemporáneo, precisamente en virtud del desarrollo de las ciencias, está expuesto particularmente a la tentación de dar una interpretación naturalista del mundo; ante la multiforme riqueza de las cosas, de su complejidad, variedad y belleza, corre el riesgo de absolutizarlas y casi de divinizarlas hasta hacer de ellas el fin supremo de su misma vida. Esto ocurre sobre todo cuando se trata de las riquezas, del placer, del poder que precisamente se pueden derivar de las cosas materiales. Estos son los ídolos principales, ante los que el mundo se postra demasiado a menudo.


2. Para resistir esa tentación sutil y para remediar las consecuencias nefastas a las que puede llevar he aquí que el Espíritu Santo socorre al hombre con el don de ciencia. Es ésta la que le ayuda a valorar rectamente las cosas en su dependencia esencial del Creador. Gracias a ella ―como escribe Santo Tomás―, el hombre no estima las criaturas más de lo que valen y no pone en ellas, sino en Dios, el fin de su propia vida (cf. S. Th., II-II, q. 9, a. 4).


Así logra descubrir el sentido teológico de lo creado viendo las cosas como manifestaciones verdaderas y reales, aunque limitadas, de la verdad, de la belleza, del amor infinito que es Dios, y como consecuencia, se siente impulsado a traducir este descubrimiento en alabanza, cantos, oración, acción de gracias. Esto es lo que tantas veces y de múltiples modos nos sugiere el Libro de los Salmos. ¿Quién no se acuerda de alguna de dichas manifestaciones? "El cielo proclama la gloria de Dios y el firmamento pregona la obra de sus manos" (Sal 18/19, 2; cf. Sal 8, 2), "Alabad al Señor en el cielo alabadlo en su fuerte firmamento... Alabadlo sol y luna, alabadlo estrellas radiantes" (Sal 148 1. 3).


3. El hombre, iluminado por el don de ciencia, descubre al mismo tiempo la infinita distancia que separa a las cosas del Creador, su intrínseca limitación, la insidia que pueden constituir, cuando, al pecar, hace de ellas mal uso. Es un descubrimiento que le lleva a advertir con pena su miseria y le empuja a volverse con mayor ímpetu y confianza a Aquel que es el único que puede apagar plenamente la necesidad de infinito que le acosa.


Esta ha sido la experiencia de los Santos. Pero de forma absolutamente singular esta experiencia fue vivida por la Virgen que, con el ejemplo de su itinerario personal de fe, nos enseña a caminar "para que en medio de las vicisitudes del mundo, nuestros corazones estén firmes en la verdadera alegría" (Oración del domingo XXI per annum).



Oración suplicando el Don de Ciencia


Ven, Espíritu Santo, inflama mi corazón y enciende en él el fuego de tu Amor. Dígnate escuchar mis súplicas, y envía sobre mí tus dones, como los enviaste sobre los Apóstoles el día de Pentecostés.


Espíritu Sempiterno, te ruego me llenes del don de ciencia para sentir con la Iglesia en la estima de las cosas terrenas, y así aumentar mi esperanza, viviendo para los valores eternos.


Espíritu Creador, ley de toda verdad, director de todas las inteligencias: envíanos el don de ciencia, el cual, por medio de las criaturas, nos abra un camino franco y luminoso para llegar a Dios.


¡Ven, Espíritu Santo, y cólmame con tu Don de Ciencia!


Repetimos: ¡Ven, Espíritu Santo, y cólmame con tu Don de Ciencia!



Preces


Glorifiquemos a Cristo, el Señor, que nos prometió enviar desde el Padre el Espíritu Santo, y supliquémosle, diciendo:


Señor Jesucristo, danos tu Espíritu


- Que tu palabra, oh Cristo, habite entre nosotros en toda su riqueza,

para que te demos gracias con salmos, himnos y cánticos, inspirados por el Espíritu.


- Tú que por medio del Espíritu nos hiciste hijos de Dios,

haz que, unidos a ti, invoquemos siempre a Dios como Padre, movidos por el mismo Espíritu.


- Haz que obremos guiados por tu sabiduría,

y que realicemos siempre nuestras acciones a gloria de Dios.


- Tú que eres compasivo y misericordioso,

concédenos estar en paz con todo el mundo.


Se pueden añadir algunas intenciones libres.



Oración final


Oh Dios, que con la luz del Espíritu Santo

llevas a tus hijos al conocimiento de la verdad plena,

concédenos conocerla en el mismo Espíritu

y gozar siempre de sus consuelos celestiales.


Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,

que vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo

y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.



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