Don de Consejo. Oración de la mañana. 20 de mayo.
- María con nosotros
- hace 10 horas
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¡La Paz del Señor, querida familia!
Os invitamos a prepararnos con todo el amor de nuestro corazón para recibir el Don del Espíritu Santo, en la Solemnidad ya próxima de Pentecostés.
Iremos pidiendo al Espíritu Santo, por intercesión de la Virgen María, cada uno de sus Siete Sagrados Dones.
En este día pedimos el Don de Consejo.
Debajo del vídeo podéis encontrar los textos con las oraciones de este día
Oración Inicial
OH, Padre,
tu Hijo, al subir a los cielos,
prometió el Espíritu Santo a los apóstoles;
te pedimos que así como ellos fueron colmados con su presencia,
nos concedas también a nosotros,
por intercesión de la Virgen María,
recibir sobreabundantemente sus siete sagrados dones.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Jesús, en este día te suplico de manera especial el don de consejo.
Humildemente te ruego que enriquezcas mi alma con este don, para que ponga los medios más conducentes para santificarme, perseverar y salvarme.
¡Ven, Espíritu Santo, y cólmame con tu Don de Consejo!
Repetimos: ¡Ven, Espíritu Santo, y cólmame con tu Don de Consejo!
Secuencia de Pentecostés
Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. Amén.
Catequesis de San Juan Pablo II sobre los dones del Espíritu Santo
Catequesis sobre el Don de Consejo
Domingo 7 de mayo de 1989
Queridísimos hermanos y hermanas:
2. Continuando la reflexión sobre los dones del Espíritu Santo, hoy tomamos en consideración el don de consejo. Se da al cristiano para iluminar la conciencia en las opciones morales que la vida diaria le impone.
Una necesidad que se siente mucho en nuestro tiempo, turbado por no pocos motivos de crisis y por una incertidumbre difundida acerca de los verdaderos valores, es la que se denomina "reconstrucción de las conciencias". Es decir, se advierte la necesidad de neutralizar algunos factores destructivos que fácilmente se insinúan en el espíritu humano, cuando está agitado por las pasiones, y la de introducir en ellas elementos sanos y positivos.
En este empeño de recuperación moral la Iglesia debe estar y está en primera línea: de aquí la invocación que brota del corazón de sus miembros ―de todos nosotros― para obtener ante todo la ayuda de una luz de lo Alto. El Espíritu de Dios sale al encuentro de esta súplica mediante el don de consejo, con el cual enriquece y perfecciona la virtud de la prudencia y guía al alma desde dentro, iluminándola sobre lo que debe hacer, especialmente cuando se trata de opciones importantes (por ejemplo, de dar respuesta a la vocación), o de un camino que recorrer entre dificultades y obstáculos. Y en realidad la experiencia confirma que "los pensamientos de los mortales son tímidos e inseguras nuestras ideas", como dice el Libro de la Sabiduría (9, 14).
3. El don de consejo actúa como un soplo nuevo en la conciencia, sugiriéndole lo que es lícito, lo que corresponde, lo que conviene más al alma (cf. San Buenaventura, Collationes de septem donis Spiritus Sancti, VII, 5). La conciencia se convierte entonces en el "ojo sano" del que habla el Evangelio (Mt 6, 22), y adquiere una especie de nueva pupila, gracias a la cual le es posible ver mejor qué hay que hacer en una determinada circunstancia, aunque sea la más intrincada y difícil. El cristiano, ayudado por este don, penetra en el verdadero sentido de los valores evangélicos, en especial de los que manifiesta el sermón de la montaña (cf. Mt 5-7).
Por tanto, pidamos el don de consejo. Pidámoslo para nosotros y, de modo particular, para los Pastores de la Iglesia, llamados tan a menudo, en virtud de su deber, a tomar decisiones arduas y penosas.
Pidámoslo por intercesión de Aquella a quien saludamos en las letanías como Mater Boni Consilii, la Madre del Buen Consejo.
Oración suplicando el Don de Consejo
Ven, Espíritu Santo, inflama mi corazón y enciende en él el fuego de tu Amor. Dígnate escuchar mis súplicas, y envía sobre mí tus dones, como los enviaste sobre los Apóstoles el día de Pentecostés.
Espíritu Santificador, te ruego me llenes del don de consejo, para obrar de continuo con prudencia; eligiendo las palabras y acciones más adecuadas a la santificación mía y de los demás.
Espíritu Creador, vida de las almas, fuente de toda vida sobrenatural: envíanos el don de consejo, que ilumine nuestro entendimiento y conforme nuestra voluntad en las buenas obras.
¡Ven, Espíritu Santo, y cólmame con tu Don de Consejo!
Repetimos: ¡Ven, Espíritu Santo, y cólmame con tu Don de Consejo!
Preces
Dando gracias al Padre porque el Espíritu Santo y nuestro espíritu dan testimonio concorde de que somos hijos de Dios, digamos confiados:
Padre nuestro, escucha la voz de tus hijos
- Señor, fuente de toda paciencia y consuelo, concédenos estar de acuerdo entre nosotros, como es propio de cristianos,
para que unánimes, a una voz, te alabemos a ti, Padre de nuestro Señor Jesucristo.
- Haz que nos esforcemos por complacer y servir a nuestro prójimo,
para que realicemos el bien a favor de nuestros hermanos y los edifiquemos con nuestro ejemplo.
- No permitas que nos seduzca el espíritu del mundo, que yace en poder del Maligno,
y haznos siempre dóciles al Espíritu que procede de ti.
- Tú que escudriñas los corazones,
guíanos por las sendas de la sinceridad y de la verdad.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Oración final
Oh Espíritu Santo, Amor del Padre y del Hijo:
Concédeme vivir este día en santidad, y no hablar ni actuar en ningún momento con precipitación, vehemencia o apasionamiento, sino siempre movido por la suave y dulce unción espiritual que procede de Ti.
Inspírame siempre lo que he de pensar, lo que he de decir, cómo lo he de decir, lo que he de callar, lo que he de escribir, lo que he de hacer, cómo lo he de hacer, para obtener tu gloria, el bien de las almas y mi propia santificación.
Te lo pido, Espíritu Santo, por intercesión de la Virgen María y de San José, para que reine en mi corazón y brille siempre en mi vida la Paz y la Armonía del hogar de Nazaret, reflejo precioso del Amor Infinito y Eterno de la Santísima Trinidad. Amén.




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