Don de Fortaleza. Oración de la mañana. 21 de mayo.
- María con nosotros
- hace 16 horas
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¡La Paz del Señor, querida familia!
Os invitamos a prepararnos con todo el amor de nuestro corazón para recibir el Don del Espíritu Santo, en la Solemnidad ya próxima de Pentecostés.
Iremos pidiendo al Espíritu Santo, por intercesión de la Virgen María, cada uno de sus Siete Sagrados Dones.
En este día pedimos el Don de Fortaleza.
Debajo del vídeo podéis encontrar los textos con las oraciones de este día
Oración Inicial
OH, Padre,
tu Hijo, al subir a los cielos,
prometió el Espíritu Santo a los apóstoles;
te pedimos que así como ellos fueron colmados con su presencia,
nos concedas también a nosotros,
por intercesión de la Virgen María,
recibir sobreabundantemente sus siete sagrados dones.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Jesús, en este día te suplico de manera especial el don de fortaleza.
Humildemente te suplico que enriquezcas mi alma con este sagrado don, para que pueda vencer todos los obstáculos en la confesión de la fe y en el camino de la salvación.
¡Ven, Espíritu Santo, y cólmame con tu Don de Fortaleza!
Repetimos: ¡Ven, Espíritu Santo, y cólmame con tu Don de Fortaleza!
Secuencia de Pentecostés
Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. Amén.
Catequesis de San Juan Pablo II sobre los dones del Espíritu Santo
Catequesis sobre el Don de Fortaleza
Domingo 14 de mayo de 1989
1. "Veni, Sancte Spiritus!". Esta es, muy queridos hermanos y hermanas, la invocación que se eleva insistente y confiada desde toda la Iglesia: Ven, Espíritu Santo, y "reparte tus siete dones según la fe de tus siervos" (Secuencia de Pentecostés).
Entre estos dones del Espíritu hay uno sobre el que deseo detenerme esta mañana: el don de la fortaleza. En nuestro tiempo muchos exaltan la fuerza física, llegando incluso a aprobar las manifestaciones extremas de la violencia. En realidad, el hombre cada día experimenta la propia debilidad, especialmente en el campo espiritual y moral, cediendo a los impulsos de las pasiones internas y a las presiones que sobre él ejerce el ambiente circundante.
2. Precisamente para resistir a estas múltiples instigaciones es necesaria la virtud de la fortaleza, que es una de las cuatro virtudes cardinales sobre las que se apoya todo el edificio de la vida moral: la fortaleza es la virtud de quien no se aviene a componendas en el cumplimiento del propio deber.
Esta virtud encuentra poco espacio en una sociedad en la que está difundida la práctica tanto del ceder y del acomodarse como la del atropello y de la dureza en las relaciones económicas, sociales y políticas. La timidez y la agresividad son dos formas de falta de fortaleza que, a menudo, se encuentran en el comportamiento humano, con la consiguiente repetición del entristecedor espectáculo de quien es débil y vil con los poderosos, petulante y prepotente con los indefensos.
3. Quizás nunca como hoy la virtud moral de la fortaleza tiene necesidad de ser sostenida por el homónimo don del Espíritu Santo. El don de la fortaleza es un impulso sobrenatural, que da vigor al alma no sólo en momentos dramáticos como el del martirio, sino también en las habituales condiciones de dificultad: en la lucha por permanecer coherentes con los propios principios; en el soportar ofensas y ataques injustos; en la perseverancia valiente, incluso entre incomprensiones y hostilidades, en el camino de la verdad y de la honradez.
Cuando experimentamos, como Jesús en Getsemaní, "la debilidad de la carne" (cf. Mt 26, 41; Mc 14, 38), es decir, de la naturaleza humana sometida a las enfermedades físicas y psíquicas, tenemos que invocar del Espíritu Santo el don de la fortaleza para permanecer firmes y decididos en el camino del bien. Entonces podremos repetir con San Pablo: "Me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo; pues, cuando estoy débil, entonces es cuando soy fuerte" (2 Co 12, 10).
4. Son muchos los seguidores de Cristo -Pastores y fieles, sacerdotes, religiosos y laicos, comprometidos en todo campo del apostolado y de la vida social- que, en todos los tiempos y también en nuestro tiempo, han conocido y conocen el martirio del cuerpo y del alma, en intima unión con la Mater Dolorosa junto a la cruz. ¡Ellos lo han superado todo gracias a este don del Espíritu!
Pidamos a María, a la que ahora saludamos como Regina coeli, nos obtenga el don de la fortaleza en todas las vicisitudes de la vida y en la hora de la muerte.
Oración suplicando el Don de Fortaleza
Ven, Espíritu Santo, inflama mi corazón y enciende en él el fuego de tu Amor. Dígnate escuchar mis súplicas, y envía sobre mí tus dones, como los enviaste sobre los Apóstoles el día de Pentecostés.
Espíritu Omnipotente, te ruego me llenes del don de fortaleza, para perseverar con constancia y confianza en el camino de la perfección cristiana; resistiendo con paciencia las adversidades.
Espíritu de Dios, Fuerza inmortal, remedio de toda flaqueza: envíanos el don de fortaleza para defender la santa fe, resistir las tentaciones y perseverar en la vida santa hasta morir.
¡Ven, Espíritu Santo, y cólmame con tu Don de Fortaleza!
Repetimos: ¡Ven, Espíritu Santo, y cólmame con tu Don de Fortaleza!
Preces
Bendigamos a Cristo, el Señor, por quien podemos acercarnos al Padre con un mismo Espíritu, y supliquémosle, diciendo:
Cristo, óyenos
- Envía tu Espíritu, huésped deseado de las almas,
y haz que nunca lo pongamos triste.
- Tú que resucitaste de entre los muertos y estás sentado a la derecha de Dios,
intercede siempre en nuestro favor ante el Padre.
- Haz que el Espíritu nos mantenga unidos a ti,
para que ni la aflicción, ni la persecución, ni los peligros nos aparten nunca de tu amor.
- Enséñanos a acogernos mutuamente,
como tú nos acogiste para gloria de Dios.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Oración final
Oh Espíritu Santo, Dios eterno,
consolador de las almas, fortaleza de los espíritus,
luz de las inteligencias, amor de nuestros corazones,
acepta estos humildes obsequios
que practicamos en honor y gloria tuyos.
Señor, que la fortaleza del Espíritu Santo
venga en nuestra ayuda
para que se digne lavar las manchas de nuestros corazones,
y protegernos contra nuestros enemigos.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que viva y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén.

