3ª Meditación: ¡Sé humilde y el Señor te ensalzará! Ejercicios Espirituales 2026.
- María con nosotros
- 8 jul
- 6 min de lectura
La Paz del Señor, querida familia.
Con gran alegría os compartimos esta tercera meditación de nuestros Ejercicios Espirituales.
Un fuerte abrazo para todos y cada uno.
Padre Alfredo de la Cruz y de María
Padre David de Jesús
1. El pecado original
Génesis 3, 1-8:
«La serpiente era más astuta que las demás bestias del campo que el Señor había hecho. Y dijo a la mujer: «¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?». La mujer contestó a la serpiente: «Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”». La serpiente replicó a la mujer: «No, no moriréis; es que Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal». Entonces la mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable para lograr inteligencia; así que tomó de su fruto y comió. Luego se lo dio a su marido, que también comió. Se les abrieron los ojos a los dos y descubrieron que estaban desnudos; y entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron. Cuando oyeron la voz del Señor Dios que se paseaba por el jardín a la hora de la brisa, Adán y su mujer se escondieron de la vista del Señor Dios entre los árboles del jardín».
Catecismo de la Iglesia Católica 396:
Dios creó al hombre a su imagen y lo estableció en su amistad. Criatura espiritual, el hombre no puede vivir esta amistad más que en la forma de libre sumisión a Dios. Esto es lo que expresa la prohibición hecha al hombre de comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, "porque el día que comieres de él, morirás sin remedio" (Gn 2,17). "El árbol del conocimiento del bien y del mal" evoca simbólicamente el límite infranqueable que el hombre en cuanto criatura debe reconocer libremente y respetar con confianza. El hombre depende del Creador, está sometido a las leyes de la Creación y a las normas morales que regulan el uso de la libertad
Catecismo de la Iglesia Católica 397:
El hombre, tentado por el diablo, dejó morir en su corazón la confianza hacia su creador (cf. Gn 3,1-11) y, abusando de su libertad, desobedeció al mandamiento de Dios. En esto consistió el primer pecado del hombre (cf. Rm 5,19). En adelante, todo pecado será una desobediencia a Dios y una falta de confianza en su bondad
2. «El que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios»
Juan 3, 1-17:
Había un fariseo llamado Nicodemo, jefe judío. 2 Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo: «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él». 3 Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo⁕ no puede ver el reino de Dios». 4 Nicodemo le pregunta: «¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?». 5 Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: El que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. 6 Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. 7 No te extrañes de que te haya dicho: “Tenéis que nacer de nuevo”; 8 el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu» (...)
13 Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. 14 Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, 15 para que todo el que cree en él tenga vida eterna. 16 Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 17 Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
Para nacer de nuevo tenemos que hacernos pequeños, como los niños
Santa Teresita: Historia de un alma, Ms B 1r-1v
«Jesús se complace en mostrarme el único camino que conduce a esa hoguera divina. Ese camino es el abandono del niñito que se duerme sin miedo en brazos de su padre... «El que sea pequeñito, que venga a mí», dijo el Espíritu Santo por boca de Salomón. Y ese mismo Espíritu de amor dijo también que «a los pequeños se les compadece y perdona». Y, en su nombre, el profeta Isaías nos revela que en el último día «el Señor apacentará como un pastor a su rebaño, reunirá a los corderitos y los estrechará contra su pecho». Y como si todas esas promesas no bastaran, el mismo profeta, cuya mirada inspirada se hundía ya en las profundidades de la eternidad, exclama en nombre del Señor: «Como una madre acaricia a su hijo, así os consolaré yo, os llevaré en brazos y sobre las rodillas os acariciaré». Sí, madrina querida, ante un lenguaje como éste, sólo cabe callar y llorar de agradecimiento y de amor... Si todas las almas débiles e imperfectas sintieran lo que siente la más pequeña de todas las almas, el alma de tu Teresita, ni una sola perdería la esperanza de llegar a la cima de la montaña del amor, pues Jesús no pide grandes hazañas, sino únicamente abandono y gratitud»
Tenemos que apoyarnos en Dios, no en nuestras propias fuerzas
San Juan de la Cruz: Cántico espiritual B, 22,8
Entrado se ha la Esposa
en el ameno huerto deseado,
y a su sabor reposa, el cuello reclinado
sobre los dulces brazos del Amado.
«Reclinar el cuello en los brazos de Dios es tener ya unida su fortaleza, o por mejor decir su flaqueza, en la fortaleza de Dios; porque los brazos de Dios significan la fortaleza de Dios, en que, reclinada y transformada nuestra flaqueza, tiene ya fortaleza del mismo Dios» (Cántico espiritual B, 22,8)
María es el modelo sublime de esa pequeñez y confianza
Catecismo de la Iglesia Católica 489:
«María "sobresale entre los humildes y los pobres del Señor, que esperan de él con confianza la salvación y la acogen. Finalmente, con ella, excelsa Hija de Sión, después de la larga espera de la promesa, se cumple el plazo y se inaugura el nuevo plan de salvación" (LG 55)».
3. Pedir al Señor, por medio de María, un corazón humilde
Lucas 18, 9-14
«Dijo también esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás: «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: “¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”. El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador”. Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
San Juan de la Cruz, Dichos de Luz y Amor, 102
«Para enamorarse Dios del alma, no pone los ojos en su grandeza, mas en la grandeza de su humildad»
Santa Teresa de Jesús: Libro de las Moradas 1,2,9-11.
«Es cosa tan importante este conocernos que no querría en ello hubiese jamás relajación, por subidas que estéis en los cielos; pues mientras estamos en esta tierra no hay cosa que más nos importe que la humildad (…) a mi parecer, jamás nos acabamos de conocer si no procuramos conocer a Dios (…) pongamos los ojos en Cristo, nuestro bien, y allí deprenderemos la verdadera humildad, y en sus santos, y ennoblecerse ha el entendimiento ‒como he dicho‒ y no hará el propio conocimiento ratero y cobarde».
Santa Teresa de Calcuta:
«Si hay una virtud que le produzca pavor al diablo es la humildad. Le asusta menos la fe que la humildad».





Dios de bondad, con Tu Amor infinito ven a cerrar mis ojos y mis oídos a los engaños del príncipe de la mentira.
Que sea Tu Luz la que ilumine mis decisiones para que cada vez esté más cerca de Tí y del único Camino, Verdad y Vida que es Tu Hijo Jesús, el cual quiero recorrer de Tu mano poderosa con la ayuda y compañía de Santa María, San José y mi Angel guardián.
Tú tienes el poder de darnos la herencia espiritual según los planes para los cuales fuimos creados, puedes devolvernos la transparencia y la inocencia de nuestros primeros padres, antes del pecado original, puedes encender con el fuego de Tu Amor nuestros corazones y sacarnos de…