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5ª Meditación: ¡El Amor Infinito de Dios Crucificado! Ejercicios Espirituales 2026.


La Paz del Señor, querida familia.


Con gran alegría os compartimos esta quinta meditación de nuestros Ejercicios Espirituales.


Un fuerte abrazo para todos y cada uno.


Padre Alfredo de la Cruz y de María

Padre David de Jesús





1. Jesús nos ha amado hasta el extremo

Juan 13, 1-5

«Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.  Estaban cenando; ya el diablo había suscitado en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la intención de entregarlo;  y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía,  se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe;  luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido».

 

Juan 15, 13-16


«Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.  Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando.  Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.  No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca».

 

Catecismo de la Iglesia Católica 609 y 610


609.  Jesús, al aceptar en su corazón humano el amor del Padre hacia los hombres, "los amó hasta el extremo" (Jn 13, 1) porque "nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos" (Jn 15, 13). Tanto en el sufrimiento como en la muerte, su humanidad se hizo el instrumento libre y perfecto de su amor divino que quiere la salvación de los hombres (cf. Hb 2, 10. 17-18; 4, 15; 5, 7-9). En efecto, aceptó libremente su pasión y su muerte por amor a su Padre y a los hombres que el Padre quiere salvar: "Nadie me quita [la vida]; yo la doy voluntariamente" (Jn 10, 18). De aquí la soberana libertad del Hijo de Dios cuando Él mismo se encamina hacia la muerte (cf. Jn 18, 4-6; Mt 26, 53). 

 

610.  Jesús expresó de forma suprema la ofrenda libre de sí mismo en la cena tomada con los doce Apóstoles (cf. Mt 26, 20), en "la noche en que fue entregado" (1 Co 11, 23). En la víspera de su Pasión, estando todavía libre, Jesús hizo de esta última Cena con sus Apóstoles el memorial de su ofrenda voluntaria al Padre (cf. 1 Co 5, 7), por la salvación de los hombres: "Este es mi Cuerpo que va a ser entregado por vosotros" (Lc 22, 19). "Esta es mi sangre de la Alianza que va a ser derramada por muchos para remisión de los pecados" (Mt 26, 28).

 


2. El grano de trigo que muere, el Dios humilde que nos salva

 

Juan 12, 20-32


«Entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos;  estos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: «Señor, queremos ver a Jesús».  Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.  Jesús les contestó: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre.  En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.  El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna.  El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará.  Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré? ¿Padre, líbrame de esta hora? Pero si por esto he venido, para esta hora: Padre, glorifica tu nombre».

 

Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo».  La gente que estaba allí y lo oyó, decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel.  Jesús tomó la palabra y dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros.  Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera.  Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí».

 

 

Juan 12, 12-15: El Dios humilde, que entra en Jerusalén en un borriquillo

 

«Al día siguiente, la gran multitud de gente que había venido a la fiesta, al oír que Jesús venía a Jerusalén,  tomaron ramos de palmeras y salieron a su encuentro gritando: «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel».  Encontrando Jesús un pollino montó sobre él, como está escrito:  «No temas, hija de Sión; he aquí que viene tu Rey, sentado sobre un pollino de asna».

 

Benedicto XVI: La paciencia de Dios nos salva


«¡Cuántas veces desearíamos que Dios se mostrara más fuerte! Que actuara duramente, derrotara el mal y creara un mundo mejor (…) Nosotros sufrimos por la paciencia de Dios. Y, no obstante, todos necesitamos su paciencia. El Dios, que se ha hecho cordero, nos dice que el mundo se salva por el Crucificado y no por los crucificadores. El mundo es redimido por la paciencia de Dios y destruido por la impaciencia de los hombres» (Misa inicio pontificado: 25-4-2005).


 

3. Dios tiene sed de tu amor

 

Juan 19, 27-30

 

«Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. 26 Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». 27 Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio. 28 Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo: «Tengo sed».

 

Santa Teresa de Calcuta: Carta de Dios a un alma

 

«Tengo sed de ti. Sí, esa es la única manera en que apenas puedo empezar a describir mi amor. Tengo sed de ti. Tengo sed de amarte y de que tú me ames. Tan precioso eres para mí que tengo sed de ti. Ven a mí y llenaré tu corazón y sanaré tus heridas. Te haré una nueva creación y te daré la paz aún en tus pruebas. Tengo sed de ti. Nunca debes dudar de mi misericordia, de mi deseo de perdonarte, de mi anhelo por bendecirte y vivir mi vida en ti, y de que te acepto sin importar lo que hayas hecho. Tengo sed de ti. Si te sientes de poco valor a los ojos del mundo, no importa. No hay nadie que me interese más en todo el mundo que tú. Tengo sed de ti. Ábrete a mí, ven a mí, ten sed de mí, dame tu vida. Yo te probaré lo valioso que eres para mi Corazón»

 

 

4. Dios tiene el Corazón abierto por Amor

 

Juan 19, 32-37: El Dios que tiene el Corazón abierto por Amor

 

«Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él;  pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas,  sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.  El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis.  Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»;  y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que traspasaron».

 

 

1 comentario


Romea Serani
Romea Serani
hace 2 días

"El dolor pasa, pero el amor, queda".


Gracias, Señor, por haberme elegido, por poner Tus ojos en mí, por poner mis ojos en Tu Amor personal, tan concreto, tan perceptible, tan cierto.

Que elocuentes son Tu vida y Tu muerte, contundente Tu resurrección.

Entregaste Tu Vida voluntariamente para vencer el pecado y la muerte. Que misterio tan grande que nos hace hijos en el Hijo, a pesar de nuestra maldad y justamente para rescatarnos de ella, transformarnos y devolvernos la inocencia perdida con la que fuimos creados.

Te sobrepasas en Amor al invitarnos a ofrecer la vida contigo. Danos la gracia de, al menos, intentar corresponder a tanto Amor, de la mano de Santa María, San José, todos sus santos,…


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