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4ª Meditación: ¡Aprende a orar y serás feliz! Ejercicios Espirituales 2026.


La Paz del Señor, querida familia.


Con gran alegría os compartimos esta cuarta meditación de nuestros Ejercicios Espirituales.


Un fuerte abrazo para todos y cada uno.


Padre Alfredo de la Cruz y de María

Padre David de Jesús





1. ¿Por qué es tan importante la oración?

 

Lc 10, 38-42: Marta y María

 

«Yendo ellos de camino, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.  Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra.  Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano».  Respondiendo, le dijo el Señor: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas;  solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».

 

Catecismo de la Iglesia Católica 2567:

 

«Olvide el hombre a su Creador o se esconda lejos de su faz, corra detrás de sus ídolos o acuse a la divinidad de haberlo abandonado, el Dios vivo y verdadero llama incansablemente a cada persona al encuentro misterioso de la oración. Esta iniciativa de amor del Dios fiel es siempre lo primero en la oración, la actitud del hombre es siempre una respuesta. A medida que Dios se revela, y revela al hombre a sí mismo, la oración aparece como un llamamiento recíproco, un hondo acontecimiento de Alianza. A través de palabras y de actos, tiene lugar un trance que compromete el corazón humano».

 

Catecismo de la Iglesia Católica 2558:

 

«Este misterio (de la fe) exige que los fieles crean en él, lo celebren y vivan de él en una relación viva y personal con Dios vivo y verdadero. Esta relación es la oración.

 

Santa Teresa del Niño Jesús: Historia de un alma, Ms C 25v


«Para mí, la oración es un impulso del corazón, una simple mirada lanzada hacia el cielo, un grito de gratitud y de amor, tanto en medio del sufrimiento como en medio de la alegría. En una palabra, es algo grande, algo sobrenatural que me dilata el alma y me une a Jesús» (Historia de un alma, Ms C 25v).            

 

Catecismo de la Iglesia Católica 2697

 

«La oración es la vida del corazón nuevo. Debe animarnos en todo momento. Nosotros, sin embargo, olvidamos al que es nuestra Vida y nuestro Todo. Por eso, los Padres espirituales, en la tradición del Deuteronomio y de los profetas, insisten en la oración como un «recuerdo de Dios», un frecuente despertar la «memoria del corazón»: «Es necesario acordarse de Dios más a menudo que de respirar» (San Gregorio Nacianceno, Oratio 27 [teológica 1], 4). Pero no se puede orar «en todo tiempo» si no se ora, con particular dedicación, en algunos momentos: son los tiempos fuertes de la oración cristiana, en intensidad y en duración.

 

Madre Teresa de Calcuta

 

«No olvidemos que en el silencio del corazón habla Dios, mientras que nosotros hablamos desde la plenitud de nuestros corazones. El primer requisito para la oración es el silencio. Las personas de oración son personas que saben guardar silencio» (Santa Teresa de Calcuta, Orar con Teresa de Calcuta, 39.6).

 

 

2. ¿Cómo orar?

 

1) La oración vocal

 

Catecismo de la Iglesia Católica 2701:

 

«La oración vocal es un elemento indispensable de la vida cristiana. A los discípulos, atraídos por la oración silenciosa de su Maestro, éste les enseña una oración vocal: el “Padre Nuestro”. Jesús no solamente ha rezado las oraciones litúrgicas de la sinagoga; los Evangelios nos lo presentan elevando la voz para expresar su oración personal, desde la bendición exultante del Padre (cf. Mt 11, 25-26), hasta la agonía de Getsemaní (cf. Mc 14, 36)».

 

2) La meditación

 

Catecismo de la Iglesia Católica 2705:

 

«La meditación es, sobre todo, una búsqueda. El espíritu trata de comprender el porqué y el cómo de la vida cristiana para adherirse y responder a lo que el Señor pide. Hace falta una atención difícil de encauzar. Habitualmente se hace con la ayuda de algún libro, que a los cristianos no les faltan: las sagradas Escrituras, especialmente el Evangelio, las imágenes sagradas, los textos litúrgicos del día o del tiempo, escritos de los Padres espirituales, obras de espiritualidad, el gran libro de la creación y el de la historia, la página del “hoy” de Dios».

 

3) La oración contemplativa

 

Catecismo de la Iglesia Católica 2709: Oración de amor y amistad

 

«¿Qué es esta oración? Santa Teresa responde: “No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama” (Santa Teresa de Jesús, Libro de la vida, 8).

 

La contemplación busca al “amado de mi alma” (Ct 1, 7; cf. Ct 3, 1-4). Esto es, a Jesús y en Él, al Padre. Es buscado porque desearlo es siempre el comienzo del amor, y es buscado en la fe pura, esta fe que nos hace nacer de Él y vivir en Él. En la contemplación se puede también meditar, pero la mirada está centrada en el Señor».

 

Catecismo de la Iglesia Católica 2717: Oración silenciosa

 

«La contemplación es silencio, este “símbolo del mundo venidero” (San Isaac de Nínive, Tractatus mystici, 66) o “amor [...] silencioso” (San Juan de la Cruz, Carta, 6). Las palabras en la oración contemplativa no son discursos sino ramillas que alimentan el fuego del amor. En este silencio, insoportable para el hombre “exterior”, el Padre nos da a conocer a su Verbo encarnado, sufriente, muerto y resucitado, y el Espíritu filial nos hace partícipes de la oración de Jesús».

 

Catecismo de la Iglesia Católica 2715: La mirada fija en Jesús

 

«La oración contemplativa es mirada de fe, fijada en Jesús. “Yo le miro y él me mira”, decía a su santo cura un campesino de Ars que oraba ante el Sagrario (cf. F. Trochu, Le Curé d'Ars Saint Jean-Marie Vianney). Esta atención a Él es renuncia a “mí”. Su mirada purifica el corazón. La luz de la mirada de Jesús ilumina los ojos de nuestro corazón; nos enseña a ver todo a la luz de su verdad y de su compasión por todos los hombres. La contemplación dirige también su mirada a los misterios de la vida de Cristo. Aprende así el “conocimiento interno del Señor” para más amarle y seguirle (cf. San Ignacio de Loyola, Exercitia spiritualia, 104)».



3. El “Padre nuestro”, corazón de las Sagradas Escrituras

 

Mateo 6, 5-13: Jesús nos enseña a orar

 

«Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso.  No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis.  Vosotros orad así:

 

“Padre nuestro que estás en el cielo, 

santificado sea tu nombre,

 venga a nosotros tu reino, 

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo,

danos hoy nuestro pan de cada día,

perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden,

no nos dejes caer en la tentación, 

y líbranos del mal”».

 

Catecismo de la Iglesia Católica 2766

 

«Pero Jesús no nos deja una fórmula para repetirla de modo mecánico (cf. Mt 6, 7; 1 R 18, 26-29). Como en toda oración vocal, el Espíritu Santo, a través de la Palabra de Dios, enseña a los hijos de Dios a hablar con su Padre. Jesús no sólo nos enseña las palabras de la oración filial, sino que nos da también el Espíritu por el que estas se hacen en nosotros “espíritu [...] y vida” (Jn 6, 63). Más todavía: la prueba y la posibilidad de nuestra oración filial es que el Padre «ha enviado [...] a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: “¡Abbá, Padre!'”» (Ga 4,6). Ya que nuestra oración interpreta nuestros deseos ante Dios, es también “el que escruta los corazones”, el Padre, quien “conoce cuál es la aspiración del Espíritu, y que su intercesión en favor de los santos es según Dios” (Rm 8, 27). La oración al Padre se inserta en la misión misteriosa del Hijo y del Espíritu».

 

Santa Teresa del Niño Jesus: Consejos y Recuerdos


Santa Teresita llama a Dios “Papá” y sus hermanas se ríen. Ella responde emocionada:


«¡Oh, sí, él es en verdad mi “Papá”, ¡Y qué dulce es para mí darle este nombre!»

 

 

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