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Curso de oración: Décima lección. Meditación y contemplación explicadas.

San Juan de la Cruz. Subida del Monte Carmelo:

En que se ponen las señales que ha de haber en si el espiritual por las cuales se conozca en qué tiempo le conviene dejar la meditación y discurso y pasar al estado de contemplación.

1. Y porque esta doctrina no quede confusa, convendrá en este capítulo dar a entender a qué tiempo y sazón convendrá que el espiritual deje la obra del discursivo meditar por las dichas imaginaciones y formas y figuras, porque no se dejen antes o después que lo pide el espíritu. Porque, así como conviene dejarlas a su tiempo para ir a Dios, porque no impidan, así también es necesario no dejar la dicha meditación imaginaria antes de tiempo para no volver atrás. Porque, aunque no sirven las aprehensiones de estas potencias para medio próximo de unión a los aprovechados, todavía sirven de medio remoto a los principiantes para disponer y habituar el espíritu a lo espiritual por el sentido y para de camino vaciar del sentido todas las otras formas e imágenes bajas, temporales y seculares y naturales. Para lo cual diremos aquí algunas señales y muestras que ha de haber en sí el espiritual, en que conozca si convendrá dejarlas o no en aquel tiempo.

2. La primera es ver en sí que ya no puede meditar ni discurrir con la imaginación, ni gustar de ello como de antes solía; antes halla ya sequedad en lo que de antes solía fijar el sentido y sacar jugo. Pero en tanto que sacare jugo y pudiere discurrir en la meditación, no la ha de dejar, si no fuere cuando su alma se pusiere en la paz y quietud que se dice en la tercera señal.

3. La segunda es cuando ve no le da ninguna gana de poner la imaginación ni el sentido en otras cosas particulares, exteriores ni interiores. No digo que no vaya y venga, que ésta aun en mucho recogimiento suele andar suelta, sino que no guste el alma de ponerla de propósito en otras cosas.

4. La tercera y más cierta es si el alma gusta de estarse a solas con atención amorosa a Dios, sin particular consideración, en paz interior y quietud y descanso y sin actos y ejercicios de las potencias, memoria, entendimiento y voluntad -a lo menos discursivos, que es ir de uno en otro- sino sólo con la atención y noticia general amorosa que decimos, sin particular inteligencia y sin entender sobre qué.

5. Estas tres señales ha de ver en sí juntas, por lo menos, el espiritual para atreverse seguramente a dejar el estado de meditación y del sentido y entrar en el de contemplación y del espíritu. (San Juan de la Cruz. Subida del Monte Carmelo 2,13,1-5).

 

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2 comentarios


Padre David, que gran alegria escucharlo.Casi como tenerlo aqui mismo.Dios le recompense por darnos tanto de toda su vida espritual.Somos unos bendecidos de pertenecer a esta bella familia mariaconnosotros.Unidos en oración en este inicio de la novena al Pentecostes.🕊️

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¡Que mi alma y mi corazón se adhieran cada vez más a Dios a través de los distintos modos de oración, es un regalo grandioso!.

Padre David, ama Usted mucho al Señor, para ser capaz de dejar de estar a solas y en silencio con ÉL en ese estado íntimo de contemplación, con el fin de preparar y realizar todos los programas que nos están llevando a nosotros a anhelar la compañía del Amado cada vez más profunda y menos dependientede lo sensible.

Que Dios sea su recompensa por tanto bien que nos hace, y que el Espíritu Santo nos siga llevando cada vez más adentro en este camino hacia la vida de unión con ÉL.

Mi pequeño corazón transitará…

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