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Retiro de Cuaresma. 2) El Amor de Dios te cambia la vida


El Amor de Dios te cambia la vida

 

• Título elegido: El Amor de Dios te cambia la vida

• Título descartado: Te prometo que este retiro te cambiará la vida

• Porque solo Dios puede hacer promesas que no fallan


Salmo 32, 10-12

 

El Señor deshace los planes de las naciones, | frustra los proyectos de los pueblos;

pero el plan del Señor subsiste por siempre; | los proyectos de su corazón, de edad en edad.

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, | el pueblo que él se escogió como heredad.


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Textos para profundizar

 

El Amor de Dios te cambia la vida

 

• Título elegido: El Amor de Dios te cambia la vida

• Título descartado: Te prometo que este retiro te cambiará la vida

• Porque solo Dios puede hacer promesas que no fallan

 

Mateo 5, 33-37:

 

«También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”.  Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios;  ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey.  Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello.  Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».

 

Salmo 32: Himno al Dios fuerte y bueno

 

Aclamad, justos, al Señor, | que merece la alabanza de los buenos.

Dad gracias al Señor con la cítara, | tocad en su honor el arpa de diez cuerdas;

cantadle un cántico nuevo, | acompañando los vítores con bordones.

Que la palabra del Señor es sincera, | y todas sus acciones son leales;

él ama la justicia y el derecho, | y su misericordia llena la tierra.

La palabra del Señor hizo el cielo; | el aliento de su boca, sus ejércitos;

encierra en un odre las aguas marinas, | mete en un depósito el océano.

Tema al Señor la tierra entera, | tiemblen ante él los habitantes del orbe:

porque él lo dijo, y existió; | él lo mandó y todo fue creado.

El Señor deshace los planes de las naciones, | frustra los proyectos de los pueblos;

pero el plan del Señor subsiste por siempre; | los proyectos de su corazón, de edad en edad.

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, | el pueblo que él se escogió como heredad.

El Señor mira desde el cielo, | se fija en todos los hombres.

Desde su morada observa | a todos los habitantes de la tierra:

él modeló cada corazón, | y comprende todas sus acciones.

No vence el rey por su gran ejército, | no escapa el soldado por su mucha fuerza;

nada valen sus caballos para la victoria, | ni por su gran ejército se salvan.

Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme, | en los que esperan su misericordia,

para librar sus vidas de la muerte | y reanimarlos en tiempo de hambre.

Nosotros aguardamos al Señor: | él es nuestro auxilio y escudo;

con él se alegra nuestro corazón, | en su santo nombre confiamos.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, | como lo esperamos de ti.

 

Proverbios 16

 

El hombre tiene proyectos, | el Señor proporciona la respuesta.

El hombre se cree irreprochable, | pero el Señor examina sus intenciones(T).

Encomienda al Señor tus tareas, | y tendrán éxito tus planes.

El Señor da a cada cosa su destino, | al malvado el día funesto.

El Señor detesta al arrogante, | tarde o temprano lo pagará.

Amor y fidelidad reparan la culpa, | temer al Señor aparta del mal.

Si el Señor aprueba la conducta de alguien, | lo reconcilia incluso con sus enemigos.

Más vale poco con justicia | que muchas ganancias injustas.

El hombre proyecta su camino, | el Señor dirige sus pasos.

(…)

Más vale adquirir sabiduría que oro, | mejor poseer inteligencia que plata.

La senda del honrado se aparta del mal, | quien cuida su camino conserva su vida.

La soberbia precede a la ruina; | el orgullo, a la caída.


Dios no nos da una solución inmediata para todo mal terreno


El Mesías había de pasar por el camino de la Cruz. La Cruz es la donación plena del Amor Infinito de Dios.


Mateo 16, 13-16.21-26


«Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?». Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».  Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».  Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».

 

Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.  Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».  Jesús se volvió y dijo a Pedro: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».  Entonces dijo a los discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.  Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.  ¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?».

 

 

Benedicto XVI: Jesús de Nazaret

 

«Llegamos a la tercera y última tentación, al punto culminante de todo el relato. El diablo conduce al Señor en una visión a un monte alto. Le muestra todos los reinos de la tierra y su esplendor, y le ofrece dominar sobre el mundo. ¿No es justamente ésta la misión del Mesías? ¿No debe ser Él precisamente el rey del mundo que reúne toda la tierra en un gran reino de paz y bienestar? (…)

 

Por tanto, la tercera tentación de Jesús resulta ser la tentación fundamental, se refiere a la pregunta sobre qué debe hacer un salvador del mundo. Ésta se plantea durante todo el transcurso de la vida de Jesús. Aparece abiertamente de nuevo en uno de los momentos decisivos de su camino. Pedro había pronunciado en nombre de los discípulos su confesión de fe en Jesús Mesías-Cristo, el Hijo del Dios vivo, y con ello formula esa fe en la que se basa la Iglesia y que crea la nueva comunidad de fe fundada en Cristo. Pero precisamente en este momento crucial, en el que frente a la «opinión de la gente» se manifiesta el conocimiento diferenciador y decisivo de Jesús, y comienza así a formarse su nueva familia, he aquí que se presenta el tentador, el peligro de ponerlo todo al revés. El Señor explica inmediatamente que el concepto de Mesías debe entenderse desde la totalidad del mensaje profético: no significa poder mundano, sino la cruz y la nueva comunidad completamente diversa que nace de la cruz.

 

Pero Pedro no lo había entendido en estos términos: «Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparle: “¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte”». Sólo leyendo estas palabras sobre el trasfondo del relato de las tentaciones, como su reaparición en el momento decisivo, entenderemos la respuesta increíblemente dura de Jesús: «¡Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios!» (Mt 16, 22s).

 

Aquí surge la gran pregunta que nos acompañará a lo largo de todo este libro: ¿qué ha traído Jesús realmente, si no ha traído la paz al mundo, el bienestar para todos, un mundo mejor? ¿Qué ha traído?

 

La respuesta es muy sencilla: a Dios. Ha traído a Dios. Aquel Dios cuyo rostro se había ido revelando primero poco a poco, desde Abraham hasta la literatura sapiencial, pasando por Moisés y los Profetas; el Dios que sólo había mostrado su rostro en Israel y que, si bien entre muchas sombras, había sido honrado en el mundo de los pueblos; ese Dios, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Dios verdadero, Él lo ha traído a los pueblos de la tierra.

 

Ha traído a Dios: ahora conocemos su rostro, ahora podemos invocarlo. Ahora conocemos el camino que debemos seguir como hombres en este mundo. Jesús ha traído a Dios y, con Él, la verdad sobre nuestro origen y nuestro destino; la fe, la esperanza y el amor. Sólo nuestra dureza de corazón nos hace pensar que esto es poco. Sí, el poder de Dios en este mundo es un poder silencioso, pero constituye el poder verdadero, duradero. La causa de Dios parece estar siempre como en agonía. Sin embargo, se demuestra siempre como lo que verdaderamente permanece y salva. Los reinos de la tierra, que Satanás puso en su momento ante el Señor, se han ido derrumbando todos. Su gloria, su doxa, ha resultado ser apariencia. Pero la gloria de Cristo, la gloria humilde y dispuesta a sufrir, la gloria de su amor, no ha desaparecido ni desaparecerá».

5 comentarios


Marina Marcos
02 mar

Que meditación tan profuda P. Alfredo. Muchas gracias por ayudarnos a conocer los misterios cristianos, a conocer el amor de Cristo.

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Marisa T
28 feb

Un abrazo en el Señor Padre Alfredo. A través de sus múltiples reflexiones, encontré una respuesta a algo que venía pensando. Cómo es que regresamos a Dios? Y la respuesta simplemente es porque él nos creo. Jesús nos ha traído a Dios y con él se de donde vengo, cuáles son nuestras raíces. Es un recuerdo regresar a los brazos del Padre. Como una niña pequeña que sabe su infinito amor y que vuelve a Él y al paraíso. Escribí en una poesía:"Anhelo morir para vivir en Él eternamente".

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Que alegría tan grande volverlo a escuchar, Padre Alfredo. Gracias por el título elegido y el título descartado. Esa ha sido la primera enseñanza. Sólo Dios nos cambia la vida.

El que sea omnipotente un Dios tan bueno me llena de alegría y mucha paz, pues me da la certeza de estar en el lugar correcto, el Corazón misericordioso de Dios que me invita a la santidad para intentar corresponder a tanto Amor, aceptando siempre Su Voluntad, que es perfecta y oportuna.

No hay salvación sin cruz. Es más, sé que mis sufrimientos y dificultades son las "vías alternas" que me llevan a la Eucaristía que es la "autopista al Cielo", como nos enseñó San Carlo Acutis.

Gracias Jesús, viniste…


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ldemiguel2
26 feb

Solamente una persona que roza a Dios cada día, puede dejarse hacer por Él, para que resulte esta meditación tan tan preciosísima para ser “tatuada” en el corazón. No hay palabras para tanta belleza, tanta verdad y tanto Amor hacia Dios expresado en sencillas palabras, llenísimas de una inmensa humildad. Gracias por tanto esfuerzo Padre Alfredo, gracias por ayudarnos tanto. Un abrazo grande y otro para el Padre David. Dios sobre todo y María siempre a nuestro lado.

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Invitado
26 feb

Gracias Padre Alfredo por llevarnos de la mano de Jesús al Padre Eterno y por ser nuestro guía espiritual en esta cuaresma con éstos bellisimos y enriquesedores retiros de cuaresma qué Dios bendiga todo su esfuerzo .🙏🙏💕

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