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Retiro de Cuaresma. 3) San José en la Cuaresma y la Pasión de Jesús


La Paz del Señor, querida familia.


Con mucha alegría os ofrecemos la tercera meditación del Retiro de Cuaresma.


En la meditación de hoy profundizamos en cómo San José participa del misterio de la Pasión de Jesús, y os anunciamos que en el día de San José haremos juntos nuestra consagración a él, en el programa de la Adoración con la Palabra de ese día.


¡Preparemos con gran cariño la Solemnidad de San José, y entremos de su mano con más amor en la gracia del tiempo cuaresmal y de la Pasión de Jesús!


Debajo del vídeo podéis encontrar los textos para profundizar.


Y aquí podéis ver algunos artículos que sean una ayuda para tener más presente a San José en la vida de cada día:






1. La Pasión se participa en el corazón, no en el lugar físico

 

Catecismo de la Iglesia Católica 618

 

«La Cruz es el único sacrificio de Cristo "único mediador entre Dios y los hombres" (1 Tm 2, 5). Pero, porque en su Persona divina encarnada, "se ha unido en cierto modo con todo hombre" (GS 22, 2) Él "ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de Dios sólo conocida [...] se asocien a este misterio pascual" (GS 22, 5). Él llama a sus discípulos a "tomar su cruz y a seguirle" (Mt 16, 24) porque Él "sufrió por nosotros dejándonos ejemplo para que sigamos sus huellas" (1 P 2, 21). Él quiere, en efecto, asociar a su sacrificio redentor a aquellos mismos que son sus primeros beneficiarios (cf. Mc 10, 39; Jn 21, 18-19; Col 1, 24). Eso lo realiza en forma excelsa en su Madre, asociada más íntimamente que nadie al misterio de su sufrimiento redentor (cf. Lc 2, 35)».

 

San Juan Pablo II. Redemptoris Custos 5-6

 

«De este misterio divino José es, junto con María, el primer depositario. Con María —y también en relación con María— él participa en esta fase culminante de la autorrevelación de Dios en Cristo, y participa desde el primer instante. (…)

La vía propia de José, su peregrinación de la fe, se concluirá antes, es decir, antes de que María se detenga ante la Cruz en el Gólgota y antes de que Ella, una vez vuelto Cristo al Padre, se encuentre en el Cenáculo de Pentecostés el día de la manifestación de la Iglesia al mundo, nacida mediante el poder del Espíritu de verdad. Sin embargo, la vía de la fe de José sigue la misma dirección, queda totalmente determinada por el mismo misterio del que él junto con María se había convertido en el primer depositario. La encarnación y la redención constituyen una unidad orgánica e indisoluble».  

 

 

2. San José a la luz del Patriarca José del AT


Los sueños de José

 

Génesis 37, 2-11

 

«Israel amaba a José más que a todos los otros hijos, porque le había nacido en la vejez, y le hizo una túnica con mangas.  Al ver sus hermanos que su padre lo prefería a los demás, empezaron a odiarlo y le negaban el saludo.

Un día José tuvo un sueño y se lo contó a sus hermanos, que lo odiaron aún más.  Les dijo: «Escuchad este sueño que he tenido.  Estábamos atando gavillas en el campo, y de pronto mi gavilla se levantó y se mantuvo en pie, mientras que vuestras gavillas la rodeaban y se postraban ante ella».  Sus hermanos le dijeron: «¿Acaso vas a ser tú nuestro rey o vas a someternos a tu dominio?». Y lo odiaron todavía más a causa de sus sueños y de sus palabras.

Aún tuvo otro sueño, que contó también a sus hermanos: «He tenido otro sueño: el sol, la luna y once estrellas se postraban ante mí».  Cuando se lo contó a su padre y a sus hermanos, su padre le respondió: «¿Qué significa ese sueño que has tenido? ¿Es que yo, tu madre y tus hermanos vamos a postrarnos por tierra ante ti?».  Sus hermanos lo envidiaban, pero su padre guardaba la cosa para sí».

 

Mateo 1, 18-21:

 

«La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.  José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo.  Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».

 

Benedicto XVI. La infancia de Jesús

 

«Mientras que el ángel «entra» donde se encuentra María (Lc 1,28), a José sólo se le aparece en sueños, pero en sueños que son realidad y revelan realidades. Se nos muestra una vez más un rasgo esencial de la figura de san José: su finura para percibir lo divino y su capacidad de discernimiento. Sólo a una persona íntimamente atenta a lo divino, dotada de una peculiar sensibilidad por Dios y sus senderos, le puede llegar el mensaje de Dios de esta manera. Y la capacidad de discernimiento era necesaria para reconocer si se trataba sólo de un sueño o si verdaderamente había venido el mensajero de Dios y le había hablado».

 

José vendido por sus hermanos y desterrado a Egipto

 

Génesis 37, 18-20. 23-27

 

«Ellos lo vieron desde lejos y, antes de que se acercara, maquinaron su muerte.  Se decían unos a otros: «Ahí viene el soñador.  Vamos a matarlo y a echarlo en un aljibe; luego diremos que una fiera lo ha devorado; veremos en qué paran sus sueños» (…)

Cuando llegó José al lugar donde estaban sus hermanos, lo sujetaron, le quitaron la túnica, la túnica con mangas que llevaba puesta,  lo cogieron y lo echaron en un pozo. El pozo estaba vacío, sin agua.

Luego se sentaron a comer y, al levantar la vista, vieron una caravana de ismaelitas que transportaban en camellos goma, bálsamo y resina de Galaad a Egipto.  Judá propuso a sus hermanos: «¿Qué sacaremos con matar a nuestro hermano y con tapar su sangre?  Vamos a venderlo a los ismaelitas y no pongamos nuestras manos en él, que al fin es hermano nuestro y carne nuestra». Los hermanos aceptaron».

 

Mateo 2, 13-15

 

«Cuando los magos se retiraron, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».  José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto  y se quedó hasta la muerte de Herodes para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta: «De Egipto llamé a mi hijo»


 

1 comentario


ldemiguel2
hace una hora

Querido Padre Alfredo:

Después de una dura semana en el plano laboral, poder escuchar una meditación como ésta, es un regalo de Dios. Mil gracias por ser siempre un instrumento a través del cual, Él nos habla de muchas maneras. Un abrazo grande y otro para el Padre David. No hay nada más hermoso que gastar la vida por los demás. Gracias de corazón.Dios sobre todo y María siempre con nosotros.

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